lunes, 4 de marzo de 2013

El violín del diablo, de Joseph Gelinek


En una entrada antigua del blog José contaba su experiencia lectora al leer La décima sinfonía. Como necesitaba resetear la mente decidí leerla y la novela no está mal. No es para tirar cohetes pero cuenta muchas anécdotas entretenidas en relación con la música clásica. Así que decidí leerme otra del mismo autor (más bien dos). La primera fue esta novela también ambientada en el mundo de la música clásica.

Su contra portada:
La concertista española de violín Ane Larrazábal aparece estrangulada en el Auditorio Nacional de Madrid después de haber interpretado el Capriccio nº 24 de Paganini, la que se dice es la obra más difícil jamás compuesta para violín. El asesino ha dejado escrita en su pecho, con sangre de la propia víctima, la palabra iblis, que significa diablo en árabe. Su valioso instrumento, un Stradivarius que tiene tallada en la voluta la cabeza de un demonio, ha desaparecido. El jefe superior de Policía asigna el caso a Raúl Perdomo, uno de los investigadores más hábiles del cuerpo. Perdomo es muy crítico con los fenómenos paranormales, pero cuando empieza a sufrir extrañas y estremecedoras visiones que no logra explicarse, decide recurrir a los servicios de una parasicóloga. Su intervención será clave para descubrir la identidad del asesino.
En esta obra su autor mezcla el mundo de la música con otro más peregrino: el de los medium. Esta vez el elegido es Paganini y en particular un violín Stradivarius que perteneció al compositor italiano y que estaba en manos de la virtuosa violinista asesinada. La trama no se sostiene mucho, yo diría que es incluso más floja que su opera prima. Más aún si tenemos en cuenta el protagonismo que le da Gelinek (o deberíamos llamarle Máximo Pradera) a la vidente. La novela en general es entretenida, y si te gusta la música clásica (que es mi caso) se hace muy llevadera. Tiene muchas incursiones en la vida de Paganini y otras figuras del panorama musical. Algunos personajes están bien dibujados, pero otros dejan mucho que desear. Resumiendo, un libro entretenido, pero si no os gustó el primero (La décima sinfonía) mejor dejarlo en la estantería.