sábado, 12 de julio de 2014

Hacia rutas salvajes, de Jon Krakauer

En septiembre de 1992, unos excursionistas se encontraron el cadáver de un joven (aparentemente muerto de hambre) en un autobús abandonado en mitad de Alaska. La noticia pronto saltó a los medios nacionales estadounidenses, y Jon Krakauer escribió un artículo sobre el asunto para la revista Outside. Sin embargo, al profundizar en la vida del muerto para escribir el artículo, Krakauer sintió que la historia daba para mucho más y decidió escribir un libro, Hacia rutas salvajes (Into the Wild).

La historia es más o menos curiosa. Chris McCandless era el mayor de dos hijos de una familia bastante acomodada de la costa este americana. Por una serie de trifulcas familiares que no desvelaré porque son parte del McGuffin del libro, Chris sentía una fuerte animadversión hacia sus padres y su nivel de vida. Debido a esto, a su carácter idealista, y a los deseos de buscar una vida más simple y cercana a la “vida de verdad” (en contraposición a la farsa que creía vivir en casa de sus padres), en 1990 (con 22 años) McCandless decidió abandonar su casa y dedicarse a vagabundear por los Estados Unidos.

A lo largo de los dos años que transcurrieron entre la salida de su casa y su muerte, Chris vivió viajando por el país en coche (primero) y haciendo autostop (después), disfrutando de su vida con alegría y emoción (o eso se desprende de su diario, al menos), tanto en las temporadas que pasó solo como cuando estuvo acompañado de gente que fue conociendo por el camino. Según parece, su gran ambición era irse a vivir un verano a Alaska, con el mínimo de provisiones necesarias, para experimentar de verdad lo que era vivir “en lo salvaje”. La aventura le salió mal y murió. Además de contarnos la vida y obra de McCandless, la principal de motivación de Krakauer a la hora de escribir el libro es explicar por qué Chris no volvió de Alaska.

A diferencia de la película que hizo Sean Penn basada en el libro, la historia no se cuenta en orden cronológico, sino que Krakauer nos va contando detalles de la vida de McCandless en un orden más o menos arbitrario. Además, como los datos de lo que transcurrió en esos dos años son a veces escasos (y tenía que escribir un libro), Krakauer nos cuenta anécdotas de su propia vida y de otros jóvenes que, como McCandless, decidieron dejarlo todo para irse “hacia tierras salvajes”, con la esperanza de que conectemos emocionalmente con la búsqueda de Chris y no lo tachemos de loco y poco preparado, como hicieron varios lectores de su artículo original (parece ser que en Alaska se toman muy mal que chavales “de fuera” se vayan a vivir a autobuses abandonados en mitad del monte y luego aparezcan muertos de inanición).

Hacia rutas salvajes es un libro bastante desigual. Mientras que el personaje de McCandless me resulta bastante interesante, ya que comparto ciertas inquietudes con él, y sus aventuras por los Estados Unidos son curiosas cuanto menos, la historia de sus dos años de vagabundo no dan para un libro de 200 páginas como es este (más que nada porque el protagonista no está vivo para contarte los detalles), y la lectura se hace pesada en ocasiones, sobre todo cuando Krakauer se va por la tangente para contarnos cómo él también se fue a Alaska a hacer el loco y casi la palma, o cuando dedica las últimas cincuenta páginas a especular sobre la causa de la muerte de McCandless. Así que, a pesar de que en general me gustó su lectura, casi recomendaría más la película que, aunque peca de más “emocional” (o, citando a Jose, moñas), se centra más en McCandless y casi* no deja detalles fuera de la historia.


*Digo casi porque en la película no se menciona la razón de que Chris esté tan enfadado con sus padres, y es una pena, porque da la sensación de que es un niñato rebelde (que también), cuando la causa de su enfado es bastante comprensible.