viernes, 1 de junio de 2012

HHhH, de Laurent Binet

Influenciado por el entorno donde estoy viviendo estos meses decidí leer novelas relacionadas con Alemania. Mirando qué tenía en mi kindle vi esta que había visto en Círculo y dudé si comprarla o no. Dado que la conseguí en versión electrónica decidí leerla primero y luego, si me convencía, adquirirla en papel.
Su contraportada:  HHhH. Tras este misterioso título se esconde la frase en alemán Himmlers Hirn heisst Heydrich, «el cerebro de Himmler se llama Heydrich». Esto es lo que se decía en las SS de Reinhard Heydrich, jefe de la Gestapo, considerado el hombre más peligroso del Tercer Reich y una de las figuras más enigmáticas del nazismo. En 1942, dos miembros de la Resistencia aterrizan en paracaídas en Praga con la misión de asesinarlo. Después del atentado, se refugian en una iglesia, donde, delatados por un traidor y acorralados por setecientos hombres de las SS, se suicidan.
Laurent Binet narra uno de los episodios más conmovedores de la Segunda Guerra Mundial y, posiblemente, de la Historia de la humanidad. Pero tras la narración de esta hazaña empieza otra lucha: la que enfrenta la ficción con la realidad. HHhH es el relato de la desesperada búsqueda de una forma precisa de contar la Historia. Para ello Binet lleva al lector hasta la tormenta de la Segunda Guerra Mundial, a Berlín, Londres y París, a la Praga actual, y en un giro literario de una fuerza inaudita, traslada el régimen nazi hasta el 2010.
Vale. Muy bien. Una novela más sobre nazis... Pues no. La forma de narrar de Binet me ha sorprendido sobremanera. Aparte de la historia, nos cuenta sus propias experiencias durante la concepción y escritura de la novela. Tiene pasajes y reflexiones memorables. Cualquier cosa que escriba aquí se queda corta. Es de lo mejor que he leído en los últimos tiempos. Binet consigue trasladarte a Praga de 1942. De hecho, después de leer su novela quiero ir a Praga, quiero ver la iglesia donde ocurrió todo, quiero beberme una cerveza checa en Pilsen, la ciudad que da en nombre a la cerveza pilsen o pilsen como la conocemos en España (que a mi no me gusta mucho, demasiado amarga). Ha sido toda una revelación. No digo más.