sábado, 1 de junio de 2013

Discothèque, de Félix Romeo

Una novela extraña. El padre de Torosantos, el supuesto protagonista de la novela, un exboxeador que se dedica a follar en directo con su novia por discotecas cutres de Los Monegros, se apuesta y pierde la vida de su hijo en una partida de cartas la víspera de Reyes. La novela narra los hechos hasta el encuentro entre los dos al día siguiente. La anécdota, absurda y extrema, sirve de pretexto para hacer un largo travelling sobre la amplia galería de secundarios que, de un modo u otro, intervienen en la historia. Todos ellos personajes cutres, de  vidas sórdidas y tan absurdas y extremas como la historia que da pie a la novela. Si Bigas Luna hubiera dado con esta novela se habría corrido de gusto.

El relato, como diría Yuri, “maximiza el daño” en todo momento. Igual que el cine español. Solo que aquí el “daño” alcanza proporciones bárbaras. Por el relato circulan excombatientes de la guerra de Sidi Ifni (el Vietnam español); cincuentonas que se ganan la vida haciendo porno con animales; empresarios de discotecas cutres que trapichean en negocios ilegales; monologuistas de bar de carretera que hace tiempo perdieron —si es que alguna vez la tuvieron— la gracia... En fin, ya os podéis hacer una idea. De fondo, el paisaje desolado de Los Monegros, que parece diseñado a posta para seres como éstos.

¿Que por qué me la he terminado? Por como está escrita. Tiene un nosequé que engancha. El estilo es hipnótico: frases cortas, ritmo rápido, capítulos breves, escenas impactantes... Decía al principio que la novela es un único y largo travelling porque eso es exactamente lo que es: los personajes entran en escena cuando aparecen, se cuenta rápidamente su historia, y los abandonamos por el siguiente cuando apenas nos hemos recuperado del impacto, cuando aún te preguntas «¿Y... qué mas?» Me recuerda una escena de la película Magnolia donde también hay un travelling muy largo por los pasillos de un estudio y en la que la cámara va saltando de un personaje a otro según se cruzan entre sí, y de los retazos de conversación que oímos intuimos algo de sus historias, de sus conflictos o de sus miserias. Algo así es la novela.

Pero querréis saber si me ha gustado o no. Pues no lo sé. Sí me ha gustado, y mucho, la forma en que está escrita: el estilo, la dureza, la manera de presentar esta “galería de monstruos”. Pero no sé si la recomendaría. Tiene que reposar antes un poco. Aunque una cosa si os diré: creo que intentaré otra del mismo autor. Le veo posibilidades.