viernes, 7 de enero de 2011

Juego de Enigmas, de Patricia A. McKillip


Ante todo una declaración de principios: me gustan los libros de ciencia ficción y fantasía, así que leo todo lo que pille al respecto. A veces tengo sorpresas agradables (como la saga de Fundación de Asimov) y otras desagradables (como Kot de Rafael Ávalos). En esta entrada os quiero hablar brevemente de un libro (más bien una trilogía) que he leído recientemente. La compré en Círculo hace unos años y la terminé de leer hace unas semanas. El título es Juego de Enigmas de Patricia A. McKillip y está formada por Maestro de enigmas (1976), Heredera del mar y del fuego (1977) y Arpista en el viento (1979, premio Locus y finalista del Hugo, del Premio Mundial de Fantasía y del Premio Británico de Fantasía).


La historia es “rara”. Es parte de la vida de un “Maestro de enigmas” (que para nosotros sería como un Dr. en Ciencias que anda resolviendo problemas) que se llama Morgon. El libro está escrito de forma que nos va dando pistas poquito a poquito y solo al final podemos hacernos una idea completa de la historia. Eso si, para suerte del lector, no todas los “enigmas” planteados se resuelven ni mucho menos (en general no me gustan los libros – o los autores – que tienen que darte todos los detalles de la historia sin margen de ningún tipo). La autora describe un mundo fantástico con un aire medieval, donde hay mucha magia pero donde los hechiceros han desaparecido (por alguna misteriosa razón que nunca explican directamente, pero que puedes deducir) y donde hay una especie de guerra de antiguos dioses (otra vez la mitología griega, si se quiere) que ha estado aletargada durante siglos y que está a punto de reavivarse por culpa de la “curiosidad” de Morgon. Los personajes están muy bien descritos y desarrollados. Junto a Morgon tenemos a su prometida Raederle, que resulta tener ciertos poderes nada desdeñables. El primer libro nos describe el mundo donde viven el protagonista y nos da las primeras migajas de la historia. Cuenta concretamente el viaje de Morgon en busca del Supremo (una especie de dios-hombre) para preguntarle algunas cosas (y resolver algunos enigmas) y termina cuando el arpista (una especie de juglar) lo lleva ante en presunto Supremo. El segundo libro trata de la búsqueda de Morgon, por parte de tres mujeres (Raederle, Tristan (su hermana), y Lyra). Ya en el tercero, Morgon, reaparecido, viaja junto a Raederle para atar el resto de cabos sueltos e intentar resolver el enigma final. No quiero dar más detalles para no reventar la historia.

Para concluir, la historia es muy buena y nada convencional y os la recomiendo a todos los que queráis pasar un rato entretenido.

La Espada Rota, de Poul Anderson


Durante un viaje de trabajo a Turquía (a la METU, Ankara) decidi llevarme un libro no muy voluminoso y de fácil lectura. Dado que estaba leyendo uno del género fantástico (del que hablaré luego) decidí llevarme este, considerado un clásico del género y cuyo autor es bastante famoso dentro de la ciencia ficción. Debo decir que mi sorpresa fue mayúscula: He aquí de lo que trata:

Texto de la contracubierta:

En una tierra en la que el reino de Faerie existe en una dimensión paralela a la del mundo de los hombres, Skafloc, el ahijado de los elfos, habrá de liberar la terrible maldición que pesa sobre Tyrfing, la poderosa espada rúnica que rompió Thor y que ahora vuelve a ser necesaria para salvar a los elfos en su guerra contra los trolls. Pero Skafloc también habrá de enfrentarse a su propia sombra: Valgard, que ha ocupado su lugar en el mundo de los hombres.

Considerada como un clásico de la fantasía heroica, La espada rota fue publicada originalmente en 1954, el mismo año que La Comunidad del Anillo, de J.R.R. Tolkien: "Ambas novelas se basaban en fuentes escandinavas y anglosajonas, pero la de Anderson estaba más próxima a sus orígenes, una tragedia de ritmo trepidante, impregnada de fatalidad, en la que el heroísmo, el amor y la ambición de los seres humanos, manipulados por dioses, elfos y troles amorales, tienen inevitablmente consecuencias trágicas". -Michael Moorcock

El planteamiento del autor es totalmente distinto del de Tolkien. Su historia ocurre en Europa occidental y en particular en Inglaterra. Los personajes están muy bien descritos y la trama está muy bien desarrollada. Lo que más me llamó la atención es que no hay personajes absolutos, es decir, los elfos son buenos en general pero no siempre actúan bien. Los trolls son malos en general pero también tienen sus rasgos de humanidad. Dentro de la trama, se deja entrever que tanto elfos, hombres, trolls, etc. no son más que peones de una especie de guerra entre los dioses que recuerda mucho a la mitología griega. El final, aunque se puede intuir a grandes razgos, no desmerece. 

En fin, si os gusta el género, os la recomiendo como una forma nada convencional de ver a las razas de la Tierra Media y pasar un buen rato.

miércoles, 5 de enero de 2011

El sueño del celta, de Mario Vargas Llosa

Quiero empezar esta entrada aclarando que me cuento entre los que opinan que este hombre merecía el Nobel de literatura desde hacía, por lo menos, 30 años. Conversación en La Catedral es una novela que, como Cien años de soledad, justifica un Nobel. Pero en el caso de Vargas Llosa, además, su producción cuenta con varias novelas extraordinarias: La guerra del fin del mundo, La fiesta del Chivo, Lituma en los Andes, o incluso alguna de las "menores", como Pantaleón y las visitadoras, merecen estar en cualquier lista de las mejores novelas de la literatura en lengua castellana.

Ahora bien, dicho esto también diré que desde La fiesta del Chivo no he vuelto a leer nada de Vargas Llosa que me entusiasme. Leí El paraíso en la otra esquina (aburrida), Las travesuras de la niña mala (interesante, pero sin más) y ahora El sueño del celta, una gran decepción.

En breve: la novela es un coñazo. Da un poco de remordimiento decir esto cuando uno lee que el autor se ha documentado durante años , viajando y leyendo, para escribir esta biografía de Roger Casement (1864-1916), un irlandés que, siendo cónsul británico, primero en el Congo Belga y luego en la Amazonía, denunció los abusos, vejaciones  y atrocidades a que eran sometidos los indígenas en las explotaciones de caucho. Al parecer, sus informes tuvieron una enorme repercusión en la opinión pública europea y consiguieron frenar los abusos. Pero me da la impresión de que lo que atrajo el interés de Vargas Llosa hacia este personaje es el giro radical que imprimió a su vida convirtiéndose en un militante extremista por la independencia irlandesa, una militancia que le llevó a sacrificar todo el prestigio y los honores ganados al servicio de la corona británica y a acabar juzgado por traición y ejecutado en la horca tras una revuelta irlandesa contra la ocupación británica.

Así contado el argumento puede sonar interesante, pero es la manera de narrar la historia lo que la vuelve un coñazo. En la novela se alternan los capítulos que cuentan la vida de Casement con los que narran su estancia en la cárcel en espera de la ejecución. Estos últimos, por cierto, los únicos interesantes porque son los únicos que elaboran las facetas más humanas de la personalidad del protagonista. Los demás son un mero relato biográfico, carente por completo de personajes (más allá del protagonista), pero también de momentos memorables. Incluso las atrocidades que se narran se describen con distancia, de manera que cuesta empatizar con las víctimas, como cuando en el telediario te cuentan los muertos en alguna catástrofe. Por otro lado, hay que admitirlo, el personaje resulta un redomado imbécil. Es admirable lo que hizo, desde luego, pero tiene la personalidad de un cretino. Al parecer fueron las atrocidades que presenció en el Congo las que lo convencieron de que había un paralelismo entre la ocupación belga del Congo y la británica de Irlanda (!). De hecho, a lo largo de los capítulos de la cárcel vamos descubriendo la elaboración del "mito irlandés", en la que él colaboró activamente; una manifestación de histeria colectiva teñida de romanticismo  hipertrofiado. En fin.

Total que el aburrimiento te va ganando poco a poco y te da el mazazo final cuando en la última parte de la novela el autor vuelve a contar la "experiencia irlandesa", de la que ya conoces todo lo relevante por lo que has ido descubriendo en la cárcel. Esa parte se hace tan cuesta arriba que incluso comprendes a los británicos cuando lo ahorcan.

Insisto, no quiero pecar de excesivamente duro con alguien cuya forma de trabajar me parece admirable y cuyo currículum lo acredita como uno de los mayores escritores en lengua castellana. Pero ciertamente no recomiendo esta novela a nadie.

lunes, 6 de diciembre de 2010

El juego del apocalipsis. Un viaje a Patmos, de Jorge Volpi

Si para tomar la medida de un escritor es preciso leer su mejor y su peor trabajos, esta novela da la cota inferior de Volpi. Y si no, se acerca mucho. ¡Menudo coñazo! Más que novela es un cuento largo, y parte del problema es ese: en un cuento tienes que renunciar a muchos de los recursos novelísticos, no tienes tiempo de profundizar en los personajes, ni de transmitir una atmósfera... Tienes que ir al grano del relato. De un cuento se espera que te deje una sensación intensa de algún tipo. ¡Pero no de aburrimiento! La historia es floja y previsible, y el relato se hace tan coñazo como el viaje que describe. Para colmo, el tema: la relación de pareja con una tía complicada, está en mi "hit parade" de argumentos a evitar. En fin, lo pongo aquí, desde luego no para recomendarlo, sino para evitar que alguien más caiga en la tentación de decir: «¡Coño!, mira que título tan curiso. A ver de qué va...».

Sé lo que estás pensando, de John Verdon

Un tipo, un alcohólico de vida disoluta que vio la luz tras la muerte de su esposa y decidió dejar la bebida y dedicarse a ayudar a ricos con problemas (un negocio que le resulta de lo más lucrativo), acude a pedir ayuda a un antiguo compañero de instituto: un detective famoso por haber cazado a varios asesinos en serie, ahora ya retirado. Le enseña unos inquietantes mensajes que ha recibido. En el primero de ellos el remitente le pide que piense un número del 1 al 1000 y que luego abra el sobre cerrado adjunto. En él aparece el número que ha pensando: el 658. Revelándose como un profundo conocedor de su pasado y su persona, hasta el punto de conocer sus más profundos pensamientos, el tono de las notas se va haciendo más y más amenazador.

Así empieza este "best seller", primera novela de un autor canadiense, que está haciendo furor en las librerías y centros comerciales. Yo no soy aficionado a la novela negra, menos aún a las de asesinos en serie. Me resultan muy cansinos. No me creo que sean tan listísimos como los pintan, y en general sus historias se reducen a eso: a probar una y otra vez cómo se adelantan siempre a sus perseguidores. Y al final los casos se suelen resolver de la forma más tonta. Esta no se aparta mucho de este esquema, pese a lo cual he de reconocer que su lectura engancha, por un lado porque es lectura fácil y te pica la curiosidad de ver los enigmas resueltos, por otro porque hay que reconocer que algunos personajes de esta novela están aceptablemente trabajados y resultan creíbles. Eso sí, a mi la novela me ha decepcionado en al menos dos cosas: primera, que el detective se nos describe como un tipo muy listísimo que, sin embargo, tarda 40 capítulos en resolver el enigma inicial cuya solución (obvia por otra parte) me pareció clara desde su planteamiento en el capítulo 2 ó 3, y segunda, que la identidad del asesino se ve venir desde bastante temprano, pese a que, inexplicablemente, a nadie se le ocurre. Y esto no es, como suele suceder, porque uno piensa siempre que en estas novelas el asesino es quien menos te esperas. Nada más lejos. Es que, a mi modo de ver, hay cosas del "manual del buen detective", bastante obvias por otro lado, que el "superdetective" que protagoniza el relato se salta a la torera y no parece reparar en ellas. Después de ver capítulos del CSI a cascoporro, uno ve los errores policiales a la legua.

Así que una novela negra que basa su argumento en un enigma "impactante" de fácil resolución y que prolonga el relato más allá de lo que debería por negligencia policial, no me parece la mejor contribución al género. Aun así, como he dicho antes, la novela es entretenida y pasas un buen rato leyéndola. Al fin y al cabo, no es muy distinta de muchas series de crímenes a las que estamos enganchados. Y de eso se trataba cuando me la agencié...

sábado, 20 de noviembre de 2010

Riña de Gatos - Madrid 1936, de Eduardo Mendoza

¡Buenísima! En mi opinión, lo mejor que ha escrito Mendoza desde La verdad sobre el caso Savolta (a excepción, quizá, de La ciudad de los prodigios). En el invierno de 1936 un inglés experto en la pintura del Siglo de Oro español, y sobre todo en Velázquez, viaja desde Londres a Madrid para peritar unos cuadros que un noble español quiere vender para sacar a su familia de España. Tan trivial argumento conduce a un complicado enredo en el que queda retratado todo el Madrid de ese tan señalado año. Por la novela circulan desde Azaña a Franco, desde Alcalá-Zamora hasta José Antonio Primo de Rivera. Algunos aparecen brevemente, otros tienen más protagonismo, pero todos dibujan personajes interesantes. Y es que ese es el primer pilar de toda gran novela: sus personajes, que deben ser, no ya creíbles, sino profundos, complejos, capaces de desatar en el lector simpatía o rechazo. El segundo pilar son algunas escenas memorables, esas que, tiempo después de haber leído la novela y cuando uno ya sólo puede referir sucintamente la trama, aún se recuerdan con claridad meridiana. Pensad en cualquier novela que os haya gustado y recordaréis muy vivamente una o dos escenas, a pesar de que ya no podáis contar su argumento. Bueno, pues esta novela asegura estas dos bazas, y lo hace con mucha solvencia. No en vano Mendoza es hoy día uno de los mejores escritores en castellano, pese a ser catalán (de hecho, uno de los detalles simpáticos del libro es la soltura con la que quien podría arrogarse el título de cronista de Barcelona habla de Madrid). Y qué voy a decir de cómo está escrita... Para muestra un botón. Os dejo (y con ello termino) el párrafo con el que comienza el capítulo 28 (tranquilos, no desvela absolutamente nada de la trama):
      Al otro extremo del arco inconmensurable que la separa del pueblo llano — y aún más de la subespecie del proletariado urbano, su enemigo natural —, preside el comportamiento de la rancia aristocracia una filosofía adaptativa no más profunda ni mejor trenzada, pero tan eficaz como la tosca deontología que rige el de su contraparte. Tan marcada como ésta por las circunstancias de su nacimiento, pesa sobre la nobleza una servidumbre ineludible que le impide reflexionar sobre su conducta, sobre sí misma y sobre el mundo, si las tres cosas no son una sola. Pero si pudiera reflexionar, tampoco podría cambiar ni las ideas recibidas ni su forma de vida. Con abnegación ha de sacrificar sus mejores cualidades en el altar: la irracionalidad, el inmovilismo y la incuria, que la han puesto y la mantienen donde está, y cultivar con férrea disciplina unos defectos que afianzan su posición en la medida en que es su posición lo que le permite cultivarlos. Indómita sin dueño y caprichosa sin elección, la irresponsabilidad que preside sus actos la hace vivir sumida en la indecisión: sus iniciativas no conducen a nada, sus pensamientos desembocan sin remedio en la frivolidad y sus pasiones, exoneradas de consecuencias, se reducen a vicios.

sábado, 13 de noviembre de 2010

Los dientes del dragón, de Juan Eslava Galán

El planteamiento que hace esta novela es curioso: es un híbrido a caballo entre la novela histórica y la fantástica, donde el elemento imaginario entra a través de diversos mitos de oriente y occidente. La idea no es mala. De hecho, con un planteamiento muy parecido, Robert Graves creó un obra maestra: El vellocino de oro. En ella Graves recrea el mito de Jasón y los Argonautas en clave de novela histórica, con un resultado brillante.

Los dientes del dragón arranca durante el sitio de San Juan de Acre en la segunda cruzada, donde Ricardo Corazón de León encarga a un grupo de personajes que busquen una reliquia mágica: la mesa de Salomón, para vencer a los sarracenos. La novela es la historia del peregrinar de este grupo en busca de las doce piedras dracontías que han de encastrarse en un peto de oro que protege del poder de la mesa. Esa es la excusa, y con ella asistimos uno tras otro a la descripción de los susodichos mitos. El problema es que la novela no da más de sí. Los personajes son muy pobres, meras caricaturas; la trama excesivamente simple y predecible; el final, como era de esperar, muy tonto. En la historia aparecen elfos, enanos y orcos un poco sin venir a cuento, como si fuesen parte del paisaje obligado de un relato fantástico. La novela discurre al trantrán. Lo mejor son algunas escenas cómicas que nos encontramos en la historia. No me refiero al humor soez y socarrón que salpica constantemente el relato (ya sabéis, el tipo de humor basado en "caca, pedo, culo, pis"), sino a escenas que están tratadas con la trascendencia del relato épico, pero que acaban teniendo un desenlace ridículo y absurdo.

En definitiva, la podéis obviar. Quitando En busca del unicornio, una novela que me encantó en su día, este autor se crece en el ensayo histórico, pero sus novelas dejan mucho que desear. Y esta es, con diferencia, de las peores que he leído.

No será la Tierra, de Jorge Volpi

Mi primer encuentro con Jorge Volpi fue parecido al que narra Jose en la entrada Mentiras contagiosas, de Jorge Volpi .

Un amigo físico de Granada me llamo y me dijo "¿Qué estás leyendo?" y enseguida me contó que el estaba enfrascado en la novela En busca de Klingsor de un tal Jorge Volpi y que iba de la historia de la mecánica cuántica. Así que lo compré y lo lei. Me encantó, por lo que cuando apareció El fin de la locura, su segunda novela donde ahora retrata la historia de la izquierda en América Latina, sin pensarlo la compré y la lei también. Luego me olvidé de Volpi (a saber por qué) y justo leyendo la entrada del blog me enteré que había una tercera novela (basta mirar la wikipedia para descubrir que tiene muchas más). Fue así como di con No será la Tierra.

En su contraportada se define muy bien la trama:

"En el vértigo de la historia, tres mujeres entrecruzan sus destinos. La bióloga soviética Irina Gránina contempla el derrumbe del comunismo y, con él, la rebeldía de su hija Oksana, primera víctima del triunfo del capitalismo. En el otro extremo del mundo, Jennifer Moore, funcionaria del Fondo Monetario Internacional, lucha con su ambicioso marido y con su hermana Allison, su exacto reverso, activista contra la globalización. Por último, Éva Halász, genio de la informática, se empeña en descubrir los secretos de la inteligencia, siempre torturada por sus cambios de ánimo y sus múltiples y cada vez más celosos amantes.

No será la Tierra narra las grandes transformaciones de nuestro tiempo: la caída del Muro de Berlín, el golpe de Estado contra Gorbachov y el ascenso de Yeltsin, la guerra bacteriológica y el Proyecto Genoma Humano. Relato científico, fábula detectivesca, suma de géneros, esta novela de Jorge Volpi es una fascinante exploración de la avaricia que mueve al ser humano a la vez que un despiadado examen de la pasión y el egoísmo que dominan a nuestra especie."


La historia "la escribe" Yuri Mijailovich Chernishevski, el último amante de Eva, desde una cárcel estadounidense por... el asesinato de Eva (tranquilos que nos os estoy destripando nada, eso lo explica el narrador al principio de la novela). El preludio de la novela comienza contando, con pelos y señales, el accidente de Chernóbil (como dato curioso me han contado que hace poco se dieron cuenta que no quedaba en la ciudad ni un solo coche, todos habían sido robados y seguramente vendidos...). A continuación introduce a nuestras tres mujeres. Irina está delante del cadáver de su hija Oksana, Jennifer se pregunta como contarle a su sobrino que su madre ha muerto y finalmente, Yuri nos cuenta como ha muerto Eva y a él le han condenado por su asesinato.

A partir de aquí la novela va recorriendo la historia de estos tres personajes y sus familias a lo largo del siglo 20, comenzando en 1929 y culminando en el 2000. A lo largo del libro la vida de los personajes se entremezclan y con sus peripecias el autor nos cuenta parte de la historia del siglo XX. En particular, la historia de la Unión Soviética, y su derrumbe, está retratada a través de la vida de Irina y su marido, primero investigador en proyectos de armas bacteriológicas, luego disidente y finalmente magnate y asesor de Yeltsin. A ese respecto tengo que decir que el autor se documentó muy bien al menos hasta lo sucedido en 1992 (incluyendo el golpe de estado a Gorbachov y la subida al poder de Yelsin), lo que me consta pues justo esos años los pasé estudiando en Moscú. Explica muy bien también como aparecieron los grandes magnates rusos y como se llevó a cabo la privatización en Rusia, la corrupción, etc. También cuenta como funciona el FMI a través de las aventuras de Jennifer, las utopías antiglobalización, ONGs. La vida de Eva nos lleva a descubrir el Proyecto Genoma Humano. Lo mejor para mí es como consigue mezclar todas estas subhistorias en una única historia que narra el desdichado Yuri Mijailovich.

La novela se lee de un tirón (y son 516 páginas) y a mi personalmente me encantó (aunque quizá mi propia experiencia personal en la URSS y Rusia no me haga el mejor de los críticos). Volpi usa un lenguaje irónico que a mi me resulta divertido. En fin una novela que os recomiendo a todos.

jueves, 28 de octubre de 2010

Maldito karma, de David Safie

Confieso que me da un poco de vergüenza hacer esta entrada. Sí, me lo he leído. Sí, ya sé lo que pone la contraportada: una presentadora de televisión famosa que se muere y se reencarna en hormiga, básicamente porque ha sido una hija de puta con todo el mundo y ha pasado ampliamente de su marido y su hija. "Divertidísimo", añade (o algo parecido). Debí desconfiar del "divertidísimo". Ya me leí otro libro "divertidísimo", Wilt, y no me hizo ni puta gracia. Es más, me pareció un soberbio coñazo. Y eso que el autor es inglés, nacionalidad del humor idem, de los Monty Python (eh... bueno, también de Benny Hill; aunque a mí me hacía gracia). Si he de confesar, el único libro con el que recuerdo haberme descojonado de verdad es con The God delusion, de Dawkins. Tengo que admitir que, para humor inglés con mala hostia, como Dawkins no hay otro. Pero es que además, el autor del libro del que estoy escribiendo es alemán. Y todos sabemos cómo es el sentido del humor alemán (¿conoce alguien una comedia alemana?). Lo más hilarante que han producido es la Crítica de la razón pura.
En fin, que a todas luces elegí mal. Pero es que estoy en un momento que me pareció que lo único que podía leer era alguna chorrada de este calibre. El libro está escrito como una comedia de Hollywood de sábado por la tarde (que es la versión americana de Cine de Barrio), y no me extrañaría que dentro de unos años la veamos algún sábado por la tarde en la tele. Apostaría a que ya ha comprado los derechos algún productor. Porque, lo creáis o no, este libro se vende como rosquillas en todos los idiomas...

lunes, 18 de octubre de 2010

Genesis machines - The new science of biocomputing, de Martyn Amos

Seguramente todos habréis oído hablar del ordenador cuántico. Es inevitable. Cada pequeño avance producido en ese campo desde que David Deutsch parió la idea, por nimio que fuera, ha sido anunciado a bombo y platillo. Y estamos a thousand fucking miles (como diría mi amigo Marcellus Wallace) de ver nada parecido a una computación cuántica digna de ese nombre. De lo que no estoy tan seguro es de que hayáis oído hablar de computación basada en ADN. Y os aseguro que antes veremos wetware que q-ware. Porque el campo ha experimentado un avance espectacular en muy pocos años y, a diferencia de la computación cuántica, los avances y la diversificación se están produciendo a un ritmo vertiginoso. La primera vez que oí hablar de este asunto (ya no recuerdo por qué) se trataba de un experimento de Adleman (la A de la criptografía de clave pública RSA) en el que conseguía encontrar el camino hamiltoniano de un grafo (un problema de clase NP) utilizando para ello cadenas de ADN, ATP, enzimas y electroforesis en gel. Apareció un artículo divulgativo en el número de octubre de 1998 de la revista Investigación y Ciencia.  El artículo me dejó con la boca abierta. Algo después leí en Nature que el grupo de Shapiro en el Insituto Weizmann de Israel había construido una máquina de Turing con ADN que era capaz de determinar la paridad del número de bases de un cierto tipo (no recuerdo si A, C, G o T) de una cadena formada por dos de esas bases. Por aquél entonces oí hablar de un libro de Springer sobre computación con ADN de Martyn Amos (al que hasta hace poco no he podido echarle el guante), y ese nombre reapareció un día navegando por Amazon asociado al libro que presento (que, por cierto, no compré en Amazon, sino en Iberlibro, por algo así como 4 euros).

Ya ha pasado el verano, así que leo con más parsimonia, y llevo con este libro algo más de un mes. Me atasqué al acabar el penúltimo capítulo (no por el libro, sino por otros menesteres) y por entonces andaba con la idea de ir elaborando esta entrada del blog, con un enfoque muy distinto al que ahora quiero darle. Mi impresión del libro entonces no era muy buena. El libro me había decepcionado en bastantes aspectos. Por ejemplo, tiene 7 capítulos y un epílogo, y hasta el capítulo 4 no menciona el experimento de Adleman, pionero de este negocio. Se pasa los tres primeros capítulos contando la historia de la computación desde von Neumann hasta nuestros día, entreverada, para mi desesperación, con anécdotas de la historia y el carácter de sus protagonistas. Cuando arranca el capítulo 4 empezando a hablar de Adleman y su experimento, de pronto interrumpe la narración para hacer una larga digresión acerca del descubrimiento de la PCR (polymerase chain reaction), crucial, qué duda cabe, en este negocio, pero inapropiada en ese momento porque corta el ritmo del relato. La digresión es, una vez más, prolija en cotilleos, chascarrillos y demás anécdotas insufribles que te hacen morderte las uñas, desesperado por que entre de nuevo en materia. El capítulo 5 trata del experimento de Shapiro y de otros que  lo siguieron, pero de nuevo viene todo envasado en experiencias autobiográficas, sus impresiones personales mientras hacía su tesis, y demás gilipolleces de las que estaba empezando a hartarme. Total, que durante 200 páginas no leí nada nuevo, y el capítulo 6, que sí tenía material nuevo, estaba bien, pero no justificaba el esfuerzo. Ahí fue donde tuve que interrumpir la lectura. Y sigo pensando que yo habría escrito este libro de una forma muy distinta. Dejando de lado lo que aprendí en este capítulo 6 (al que, por cierto, le faltan figuras por un tubo que aclaren las espesas descripciones de los mecanismos moleculares) sobre computación con ADN, lo que más interesante me pareció hasta el momento fue una reflexión que el autor hace en el capítulo introductorio tratando de convencernos de que la computación trasciende el silicio; que la biología es computación, y que tenemos que abrir nuestra mente y mirar con otros ojos lo que antes veíamos como vida, para empezar a verlo como algoritmia. Es una reflexión bien defendida y apoyada con ejemplos.

Y entonces, hace un par de días, retomé la lectura en el capítulo 7. Lo he devorado literalmente. Lo que cuenta ese capítulo es fascinante. Es ahí donde se elabora esa idea de la biología como computación. He aprendido que la biología de sistemas se puede ver como el diseño de circuitos biológicos. He descubierto que hay una base de datos de acceso libre donde están publicados todos los circuitos biológicos elementales que se van construyendo, para formar una especie de catálogo para ingenieros que quieran construir wetware. He sabido que se han diseñado circuitos luminosos intermitentes con bacterias, que se puede hacer que éstas se dispongan formando dibujos (el anagrama de Nature o un corazón, por ejemplo) o que se las puede tunear para que se suiciden cuando su población alcance un cierto nivel. Me he enterado de que se han aplicado algoritmos evolutivos (¡cómo no!) para hacer que los circuitos biológicos diseñados in vitro funcionen perfectamente también in vivo. Y por último, lo que me ha parecido más alucinante de todo. ¿Os acordáis de aquéllos bichejos unicelulares de la Biología de primero de BUP llamados paramecios? Son representantes canónicos de una gran familia denominada "ciliados" (¿adivináis por qué?). Estos individuos tienen dos (repito, dos) núcleos, uno grande, el normal, y uno pequeño, que es... ¡la versión .zip del grande! Cuando se duplican, los ciliados dividen ese pequeño núcleo, que entonces se descomprime y reconstruye el núcleo normal (el que codifica las proteínas). Pero ahí no queda todo: las condiciones ambientales influyen en la descompresión, de manera que este pequeño núcleo se reensambla de mil formas distintas para adaptarse al entorno en que se encuentra el bicho. Y nosotros que los mirábamos en el instituto con la arrogancia y el desprecio de eucariotas evolucionados... Cómo ha surgido semejante mecanismo es hoy por hoy un enigma evolutivo.

Sólo el capítulo 7 justifica el libro entero, y todas mis apreciaciones del principio quedan en ridiculeces comparadas con la nueva visión de la biología y de la computación que uno adquiere al leerlo. No diré que es dinero bien gastado, porque me costó como 4 cafés, pero lo habría sido incluso si hubiese costado diez veces más. Ni que decir tiene que después de leer esto uno se queda con ganas de más. Y hasta con ganas de dejarlo todo y ponerse a hacer computación con bacterias...