domingo, 30 de octubre de 2011

El anatomista, de Federico Andahazi

Mateo Renaldus Colombus (c. 1516-1559) fue un profesor de anatomía y prestigioso cirujano de la Universidad de Padua cuya obra, De re anatomica, recoge sus descubrimientos, entre los que caben citar la circulación pulmonar, varios detalles anatómicos del corazón y las arterias, así como la localización exacta del cristalino del ojo. Y además otro. Otro descubrimiento que emula al de su tocayo en alcance y trascendencia siendo, sin embargo, infinitamente más pequeño y mucho más próximo que el continente que aquél descubrió. Mateo Renaldo Colón descubrió ni más ni menos que el clítoris. «¿Cómo que descubrió el clítoris? ¿De qué estás hablando?», os estaréis preguntando. Y yo comparto vuestra perplejidad. Si ateniéndonos a lo que nos explica Episcophagus las mujeres llevan sacando lustre a la pipa del coño desde antes de aprender a caminar erguidas por las sabanas africanas de comienzos del Pleistoceno, ¿qué carajo quiere decir que este fulano descubrió el clítoris nada menos que en el siglo XVI? Bueno, también cuando Colón pisó América estaba llena de gente y nadie se ruboriza en afirmar que Colón "descubrió" América. Además, desde que los aqueos invadieron Grecia 1800 años antes de que el presunto nacimiento de otro fulano nos complicase considerablemente la vida, el antiguo matriarcado fue sustituido por un férreo patriarcado y la mujer pasó a un segundo o tercer plano (con contadas, aunque notables, excepciones) hasta quien dice antesdeayer. En el siglo XVI incluso se dudaba de que tuviese alma (lo que, connotaciones religiosas aparte, quería decir básicamente inteligencia). Así que no es de extrañar que los hombres a esas alturas no tuviesen ni  pajolera idea del susodicho botón de la risa. Y el bueno de Mateo nos abrió los ojos.

El librito en cuestión, corto, simpático y muy bien escrito, es una novelización del gran descubrimiento de este otro Colón. Un relato de amor y tragedia, de ciencia e Inquisición, de Papas corruptos y putas de lujo, que nos transporta a la Italia del Renacimiento. La historia mezcla verdad y ficción combinando hechos reales con intenciones inventadas, todo ello trufado con las propias palabras de Mateo Colón, directamente extraídas de su De re anatomica. A mí me ha gustado mucho y la recomiendo.

NOTA PARA ALEX: Sí, hay escenas guarras.

martes, 25 de octubre de 2011

Barcos sin honra, de Alex García Alaman


Hoy traigo a este blog ni más ni menos que otro: una magnífica, amena y muy recomendable bitácora (como la llama el autor) sobre historia; específicamente sobre desmitificaciones históricas, como el subtítulo reza. El título del blog –nos explica su autor– alude a la famosa frase «Más vale honra sin barcos, que barcos sin honra», atribuida al almirante Méndez Núñez, quien al parecer la profirió, pese a su mitificadora grandilocuencia, en «una expedición de castigo en el Pacífico, donde Méndez Núñez llegó hasta El Callao, vio, bombardeó y se volvió a España sin peligro de quedarse sin sus preciosos navíos.» La frase es un símbolo de la tergiversación que la historia sufre andando el tiempo, por muy diversas razones.

El blog lo trajo a colación Saúl hace algunos meses poniendo una entrada en Buzz acerca de las Guerras de Flandes. Cuando lo leí y vi el material que había concluí dos cosas: que merecía la pena leerlo, y que, dado su volumen, era mejor pasarlo al ereader para hacerlo más cómodamente (es lo malo de los blogs, que cuesta leerlos en la cama; aunque supongo que esto no será un problema para quien tenga un tablet). Y como ebook (convenientemente adaptado y revisado) lo encontraréis en la conocida carpeta de dropbox.

Leído de un tirón es una magnífica colección de ensayos –de alrededor de 400 páginas– acerca de distintos hechos y aspectos de la historia, con el denominador común de echar abajo muchos mitos, omisiones o simples infundios propagados a través de la historiografía oficial. Y todo con una fina ironía y un estilo desenfadado, muy alejado de los tochacos al uso en este tipo de narraciones. Os aseguro que en más de una ocasión he llegado a la carcajada leyendo algún pasaje. Pero pese a este estilo ligero, el contenido es más que recomendable: yo diría que es imprescindible leerlo. La razón es que he descubierto que incluso los que  somos aficionados a la historia tenemos grandes lagunas que los poderes interesados se han dedicado a manipular, cuando no directamente a borrar de los libros. Así, me he sorprendido descubriendo, por ejemplo, que la burguesía catalana hizo su dinero, no manufacturando trapos, como siempre nos han hecho creer, sino cazando negritos en África y vendiéndolos como esclavos en Cuba. Sí, sí, como en Raíces. De hecho, si Cuba se perdió fue porque el gobierno español pasó olímpicamente de darle entidad de provincia a la isla y carta de ciudadanía a sus  colonos, y ello por la simple razón de que, de hacerlo, tendría que haber abolido la esclavitud, ilegal en España en aquellos tiempos (toma ya hipocresía),  acabando con el lucrativo negocio de esta buena gente. Al final se acabó de cualquier modo, pero para entonces la burguesía catalana había puesto su fortuna a buen recaudo "blanqueándola" (perdón por el chiste) en otros negocios más respetables, como el textil. Eso sí, este lobby negrero continuó participando activamente en la política del país, para regocijo de sus conciudadanos, realizando trabajitos como el de echar abajo la I República aplastando el que ha llegado a nuestros días como movimiento cantonal, y que es el sambenito que estos angelitos y sus agradecidos sucesores han colgado a lo que realmente fueron los primeros brotes del movimiento obrero (que quedó pospuesto para una mejor ocasión, de la cual ya sí que todos hemos oído hablar).

Y esto no es más que un ejemplo: en sus páginas caen "misconcepciones" como la de la Reconquista (¿Reconquista una cosa que duró 800 años? ¿De verdad?); se le da con vara a los Austrias y a los Borbones («the Dumb Saga»); reciben todas las ideologías (en especial el nacionalismo, al que dedica dos capítulos de significativos títulos: «La génesis de la boina» y «Banderas de nuestros padres»), y se echan abajo algunos mitos famosos, como el de Esparta. No me resisto a traer aquí el comienzo del primer capítulo dedicado a esta ciudad(es un decir)-estado:
Supongo que todos ustedes habrán visto ya la película “300”, ese video clip de dos horas en el que toda la población masculina de los gimnasios del Peloponeso se enfrenta a un ejército de orcos con máscaras dirigidos por la reina del carnaval de Tenerife. Ya saben, el heroico sacrificio de los durísimos espartanos, símbolo de la libertad, de Occidente, de nuestra cultura, de las cañas y las tapas del domingo y en general de todo lo bueno que en el mundo ha sido, en resumen, los “nuestros”, a manos de los corruptos, viciosos, traidores, sometidos y algo equívocos asiáticos, que todo el mundo sabe que de allí viene todo lo malo, como pueda ser el comunismo, los bazares orientales y Osama Bin Laden.
Este es el tono. En resumen, me lo he pasado a los indios leyendo este blog, y lo único que me preocupa es que, por el ritmo al que actualmente publica entradas en él, seguramente a este hombre lo tiene absorbido su trabajo y para mi desgracia al blog le quedan dos telediarios. Una pena que su autor no se dedique a escribir libros, porque tendría en mí a un fan entregado.

domingo, 23 de octubre de 2011

Solar, de Ian McEwan

Acabo de leer esta novela, Solar, que para mí representa el primer contacto con la obra de Ian McEwan. No es una novela breve, pero me ha durado apenas una semana. En mi caso, eso implica que he buscado todos los huecos posibles para seguir leyendo. O sea, que me ha enganchado.

Michael Beard es un físico en la cincuentena cuyos mayores logros quedan lejos en el tiempo y en el recuerdo, si otra cosa no por las veces que este último ha sido reelaborado y reescrito. Bendecido con la gracia del Nobel siendo bastante joven, el resto de su vida profesional se ha construido sobre las rentas del premio. El libro comienza cuando el quinto matrimonio de Beard está yéndose a pique: un desafortunado suceso (muy conveniente para el protagonista, por otra parte), le da una nueva excusa para huir otra vez del compromiso (siempre ligero) y volver a la adolescencia (nunca superada). El carácter voluble de Beard queda bien ilustrado por un irrefrenable deseo de comer que disfraza de consuelo o recompensa. Su falta de aprecio por lo sencillo, lo cotidiano y lo real se manifiesta asimismo en los aspectos profesionales: acaba de ser nombrado director de un nuevo centro dedicado al desarrollo de tecnologías limpias y eficientes para frenar el cambio climático. Hace ya muchos años que Beard perdió el tren de la ciencia, si bien ese Nobel --en el que la casualidad jugó su parte-- estampó en él una convicción vitalicia de su valía. Todo lo que vino después fue merecido.

Aunque tanto el título de la novela como la contraportada y algunas críticas que he leído en internet destacan "la abundancia de incitaciones a reflexionar sobre el cambio climático", esa no ha sido mi reacción tras leer la historia. Lo más interesante es el personaje de Beard y sus relaciones con las mujeres, los demás científicos y los distintos individuos que se le cruzan (y que él gustoso habría evitado), entre los que se hallan esos postdocs con coleta y los amantes de su mujer -- no desvelo nada que no se descubra muy al principio. Siendo yo misma parte del sistema científico, me ha resultado inevitable no ver en Beard los peores vicios del scientific stablishment. He disfrutado la forma en que McEwan, a lo largo de la novela y no siempre de forma explícita, analiza diálogos y acciones cuya motivación se origina en una intimidad casi subconsciente. Va más allá: nos explica de manera muy convincente cómo la falta de ética en los actos (hasta el asesinato) puede ser reelaborada hasta convertirlos en acciones más que justificables: son inevitables, loables, resultado de una justicia platónica. El texto está cargado de ironía, es ácido en ocasiones y esperpéntico en otras.

Ian McEwan une grandes hazañas intelectuales (¿conseguir un premio Nobel?) y nuestra naturaleza más irracional y egoísta para hacernos reflexionar no sobre el calentamiento global (opino), sino sobre la distancia frecuente entre nuestra íntima interpretación del mundo y de los demás y la fachada que les ofrecemos. Un relato bien documentado, creíble y recomendable.

martes, 18 de octubre de 2011

El mono enamorado (y otros ensayos sobre nuestra vida animal), de Robert M. Sapolsky

Robert M. Sapolsky es catedrático de biología y neurología en Stanford. Además de dedicarse a la investigación practica la divulgación y ha escrito varios libros. Hace ya bastantes años leí "¿Por qué las cebras no tienen úlcera?", un texto sobre las interacciones entre las emociones y la salud, diría que relativamente pionero en el campo. En "El mono enamorado", Sapolsky recopila una colección de artículos sobre nuestra naturaleza animal. Los breves ensayos están organizados en tres partes: (i) Los genes y quiénes somos, (ii) Nuestros cuerpos y quiénes somos y (iii) La sociedad y quiénes somos.

En la primera parte se ocupa de varios ejemplos que ilustran la relación entre genes y el individuo que generan (entre genotipo y fenotipo, vamos), incluyendo la (percepción de la) belleza, el envejecimiento, el papel de ambiente en los individuos y la relación entre los sexos. He encontrado algún argumento interesante sobre el perenne debate entre naturaleza y crianza y sobre los aspectos no adaptativos de la selección sexual, pero por lo general no he descubierto nada nuevo.

En la segunda parte encontramos una serie de ensayos sobre cómo nos afectan las emociones, sobre cómo son las interacciones entre el cerebro y el resto del cuerpo. Entre otros, aparece el siempre fascinante caso de los parásitos cerebrales (virus por lo general) capaces de controlar el comportamiento del organismo infectado. El estrés, los sueños, los estados químicos inducidos por el mal humor, la incertidumbre y el síndrome de Munchausen son temas tratados.

En la tercera parte se nos analiza como los seres sociales que somos, inseparables de ese contexto. Distintas culturas, distintos climas y distintas historias afectan nuestra biología. Un artículo interesante (quizá por ser un tema que he visto menos tratado) es el que discute la relación entre nivel socio-económico y salud, para concluir que la relación no es nada obvia. En otro de los ensayos, un tanto osado en los tiempos de corrección política que corren, relaciona clima y cultura: las culturas del desierto son monoteístas, las de las selvas politeístas; las primeras establecen estrictas jerarquías y están más militarizadas, son más propensas a creer en la inferioridad de la mujer... y han exportado su cultura a todos los rincones del planeta.

Este libro no es más que una introducción somera a los aspectos biológicos de la naturaleza humana. Los textos son notablemente introductorios a cada problema, están trufados de anécdotas y ensayan el humor con distintos grados de éxito. Requieren poco esfuerzo de parte del lector, así que no recomendaría esta obra de Sapolsky a quienes ya hayan leído libros de mayor calado sobre el particular (o los distintos particulares). En la parte positiva destaco la bibliografía técnica y divulgativa, bien escogida, que hay al final de cada ensayo. Me parece que puede ser un buen regalo para personas curiosas sin formación específica, para quienes cada relato podría encerrar una sorpresa. Para mí ya no era la primera vez.

lunes, 17 de octubre de 2011

El gaucho insufrible, de Roberto Bolaño

Al parecer, el grueso de la producción de Roberto Bolaño son relatos. Bolaño escribió mucho durante su vida; escribía compulsivamente, llenaba cuadernos y cuadernos, y escribía de todo: diarios, reflexiones, cuentos, poemas... Una parte de ese material que escribía incansablemente acabó integrado de una forma u otra en sus obras. Por eso su forma favorita es el relato: hasta sus novelas están construidas sobre relatos. El gaucho insufrible es una de las múltiples colecciones de relatos de Bolaño que se han publicado. Y en mi opinión, una colección bastante desigual. Las narraciones que componen este libro están escritas en muy diversas claves, desde el cuento intimista, casi poético, hasta la reflexión pura y dura; desde el cuento borgianos a la feroz crítica literaria. No todos me han gustado: los hay que me han dejado frío, o que me sobrepasan o que me parecen demasiado obvios. Pero también hay algunos que me parecen brillantes. En particular destacaría dos, que a mi modo de ver son los más auténticos porque en ellos habla Bolaño por su propia boca: el que se titula Literatura + enfermedad = enfermedad, en el que nos cuenta su vivencia de la enfermedad hepática que lo llevó a la tumba mientras esperaba un trasplante, y el que se titula Los mitos de Cthulhu, donde da cera a la "literatura" española actual con una ironía y una mala hostia magistralmente administradas.

De todos modos, lo más impresionante de Bolaño es cómo escribe. Lo lees y su prosa parece sencilla, sin excesivos artificios, casi natural; pero cuando lo piensas bien y la relees con cuidado te percatas de que nada hay en ella dejado al azar. Como en el último Borges. No es trivial escribir así, lo fácil es caer en el preciosismo, el adjetivo rebuscado, el retruécano, el barroquismo (como me ocurre a mí cuando me dejo llevar, vaya). Para llegar a escribir así hay que trabajar duro. Y no todos lo consiguen. Eso sí, el resultado lo merece.

viernes, 7 de octubre de 2011

Predictably Irrational, de Dan Ariely


Algunos recordaréis la espiral de colores que inicia esta entrada. En contra de lo que el cerebro interpreta que llega a los ojos, el "verde" y el "azul" de los dos brazos espirales son el mismo color. Con algo de esfuerzo (ampliando suficientemente la imagen y eliminando los laterales, o midiendo con Photoshop) todos podemos convencernos de que así es, y a partir de ahí utilizar nuestro pequeño descubrimiento para sorprender y deleitar a la familia la próxima Navidad: conocimiento útil. Percibir un mismo color como diferente dependiendo del contexto es una adaptación que nos resulta conveniente y que, por tanto, se ha seleccionado a lo largo de la evolución de nuestro cerebro en relación con el sistema visual: la interpretación se adapta automáticamente a distintas situaciones de luz, por ejemplo.

Este libro presenta una colección de "ilusiones cerebrales" que, por desgracia, no son tan fácilmente desenmascarables como la anterior. La lección principal que uno podría extraer del libro es que somos en gran parte máquinas de interpretar totalmente dependientes del contexto. Todo aquel que sepa crear el contexto adecuado puede en consecuencia manipularnos. Nuestras decisiones -con frecuencia muy poco racionales- dependen de nuestro estado interior y de muchos condicionantes que (pobres de nosotros) creemos ser capaces de controlar. La lectura del libro proporciona una pequeña lista de truquitos que podrían ayudarnos a ser menos timados por nuestra supuesta racionalidad. Si bien no puede ser exhaustiva, sí nos da pistas para que estemos más atentos.

El texto desgrana una serie de situaciones que, a lo largo de su vida profesional, el autor convirtió en experimentos sociales, con sus alumnos como víctimas en la mayoría de los casos. Suponga usted que quiere comprar un televisor y MediaMarkt (no son tontos) le ofrece las tres opciones siguientes: Panasonic de 36 pulgadas por 690 euros; Toshiba de 42 pulgadas por 850; Philips de 50 por 1480. La mayor parte de los consumidores tiende a escoger la oferta central. Sabiendo eso, a un publicista le resulta muy fácil propiciar la venta del modelo del que el vendedor quiera librarse: basta con escoger cuidadosamente un modelo inferior y algo más caro de lo razonable y otro de categoría superior pero significativamente más costoso. Voilà! La comparación es un enemigo poderoso en la toma de decisiones. Siguen ejemplos sobre la percepción de tu atractivo físico que un tercero tendrá en función de quienes te rodean o de lo aceptable del salario propio, que por supuesto depende de lo que cobren los demás. Nuestra percepción de lo valioso se establece en base a los modelos que consideremos válidos, o que nos hayan hecho creer que lo son: el aspecto del embalaje, la disposición de un escaparate o una prolija explicación previa. La predisposición a favor o en contra de un vino, una persona o una hipoteca se observa en señales cerebrales específicas que, de forma real y palpable, nos hacen disfrutar más de las experiencias bien decoradas. Por eso los placebos producen respuestas positivas y las opciones más caras se nos antojan mejores. El rol del contexto interno se hace obvio cuando somos preguntados por nuestras preferencias sexuales en dos estados distintos: reposo o excitación sexual. Como se podría esperar, la exquisitez del estado de reposo da lugar a un casi-todo-vale cuando quien manda no es el córtex frontal.

La motivación principal del libro viene del campo de la economía, aunque a mí no ha sido el aspecto que más me ha interesado. El libro se publicó con anterioridad a la crisis de 2008 y, según cuenta el autor, fue jocosa y escépticamente recibido por los economistas. Esta edición revisada discute cómo la idea de agentes racionales en economía se ha puesto en duda tras la crisis. O eso quiere creer él, en su racionalidad... Un elemento interesante en la narración, aunque ajeno al contenido principal, es cómo Ariely empezó a reflexionar sobre la irracionalidad. Fue tras un accidente en el que sufrió quemaduras de tercer grado en el 70% de su cuerpo. Hizo de la experiencia extrema aprendizaje.

El libro es fácil de leer, sugerente, y puede hacer reflexionar sobre nuestra irracionalidad. Los experimentos son en ocasiones más ilustrativos que concluyentes, pero me han resultado aceptables en el contexto (!) del libro. Lo que he echado muy en falta es que Ariely profundizara en ese "Predictably" del título. (Aquí debo decir que, inmediatamente antes de este libro, leí la obra magnífica de Ramachandran "The Tell-tale Brain", así que estaba predispuesta a esperar más, como Ariely me ha explicado.) No tengo mucha duda de que todas nuestras respuestas semi-automáticas y condicionadas y la dependencia de nuestras decisiones de nuestro estado de ánimo y del contexto externo son resultado de nuestro pasado animal. Nos ayudaron a sobrevivir. Pero ahora, en muchas ocasiones, nos hacen malvivir. Así que no bajéis la guardia: "Beware of the context".

sábado, 1 de octubre de 2011

Crack. Instrucciones de uso, por Ricardo Chávez et al.

No, aunque lo parezca por el título, este no es el manual del perfecto yonki. El crack es un movimiento literario que se dio a conocer en 1994 en Ciudad de México y que aglutina a un puñado de novelistas mexicanos nacidos en los sesenta (cinco entonces, siete a fecha de publicación de este libro), entre los que está Jorge Volpi, del que se ha hablado a menudo en este blog. Aglutinan a estos autores dos elementos: la amistad y un impulso renovador de la novela. En el Manifiesto del crack, que aparece en el primer apéndice del libro, cinco de sus autores: Ricardo Chávez Castañeda, Eloy Urroz, Ignacio Padilla, Pedro Ángel Palou y Jorge Volpi, defienden una nueva novelística basada en asumir riesgos estilísticos, en romper con la tradición a la par que honrarla, en escribir novelas profundas, en separarse, en fin, de la corriente actual de la novela de consumo, el best-seller, la novelucha barata pensada, escrita y publicada sin más propósito que hacer dinero. Su idea es que un escritor debe aspirar a escribir novelas del calado de Cien años de soledad, Rayuela, Terra Nostra, Ulyses, En busca del tiempo perdido... incluso si fracasa en el intento. Y para ello hay que crear universos autocontenidos, personajes complejos, un lenguaje innovador. Hay que asumir que el lector es inteligente (al menos que lo son aquéllos a quienes se dirigen) y que apartarse de estos supuestos es insultar su inteligencia. Hasta el nombre del movimiento: crack, trata de aglutinar en un monosílabo (onomatopéyico para mas inri) todos estos principios. Crack es una onomatopeya como boom (la palabra que define al conjunto de autores latinoamericanos que renovaron la literatura en lengua española entre los 50 y los 60), pero a la vez es fonéticamente opuesta a boom y sugiere ruptura.

El libro que traigo aquí es un ensayo atípico que reflexiona sobre muchos de los aspectos del movimiento del crack. Contiene tres partes diferenciadas. La primera es el conjunto de relatos o novela a varias manos titulada Variaciones sobre un tema de Faulkner. El prólogo cuenta cómo se fraguó. Cuando cuatro de estos autores se conocieron siendo estudiantes a finales de los 80 les unían varias cosas, entre ellas su profunda admiración por Rulfo y el haber escrito "cuentos rurales". Cuentos ambientados en algún pueblo perdido de México, cuyos habitantes llevan vidas extremas y extrañas, y que son narrados a la manera tangencial, sugerida, a veces sólo intuida, de los textos de Rulfo. Eran cuentos homenaje. Cuando en alguna tarde etílica los dieron a conocer entre ellos alguien propuso reescribirlos y añadirle más relatos y un hilo conductor, de manera que formasen una única narración, una especie de Pedro Páramo pero escrito a varias manos. El resultado fue Variaciones sobre un tema de Faulkner, un relato que durmió el sueño de los justos en algún cajón perdido para reaparecer años más tarde, coincidiendo con la presentación de En busca de Klingsor, la más famosa novela de Volpi, como un entrañable pero algo embarazoso recuerdo del pasado. Superada la nostalgia uno de ellos (no recuerdo cuál) decidió presentarlo, contra la opinión de los demás, a un concurso de cuentos. Recibió el primer premio.

La segunda parte del libro, la propiamente titulada Instrucciones de uso, contiene ensayos de todos menos uno de los autores de este libro (la contribución de este uno es una bibliografía comentada que aparece también como apéndice). En ellos los autores reflexionan sobre la génesis, historia, validez, contenido, etc., del controvertido movimiento que lanzaron bajo la denominación de crack. Los propios ensayos son muestra de la riqueza estilística del grupo. Hay formatos de todo tipo, desde la propuesta de Volpi, en forma de texto legislativo, hasta la de Vicente Herrasti, titulada "Que del Crack sólo hablen las obras", y que consecuentemente está en blanco.

La tercera parte son los apéndices.

Desde luego no es esta la lectura que me llevaría a una isla desierta, pero (y pese a que termina siendo algo cansina por lo reiterativa) resulta una lectura interesante. Las Variaciones, el texto fundacional paradójicamente inmerso en la misma tradición de la que proponen desligarse, contiene cuentos bastante notables, y la reflexión que proponen los ensayos acerca de la literatura, de las aspiraciones de la novelística y de su propuesta, son un soplo de aire fresco en el panorama novelístico actual. Me gusten o no los resultados, apoyo cualquier iniciativa que se proponga grandes retos. En el fondo es una forma de altruismo porque seguramente autores de la calidad de estos podrían forrarse a base de producir best-sellers.

jueves, 22 de septiembre de 2011

El menor espectáculo del mundo, de Félix J. Palma

Cada vez me gusta más este autor. Camina sobre la delagada línea que separa la literatura del puro entretenimiento, sin llegar a decantarse definitivamente de uno u otro lado. Sus historias parecen intrascendentes, enfocadas en lo cotidiano o el detalle menor. Según progresan todo se enreda y la existencia de los personajes aparece atrapada y depender crucialmente de esa futilidad. Cuando acabas, siempre te queda la sensación de que lo que has leído en realidad tiene más fondo del que parece. Sus historias son hipnóticas, te envuelven y te atrapan con su prosa barroca e hiperbólica, a ratos trágica, a ratos cómica, a menudo irónica o sarcástica. Disfrutas cada línea del relato. Envidio a sus hijos, si los tiene, porque deben de pasárselo cañón cuando les cuente cuentos por las noches.

El libro que nos ocupa es una colección de 9 relatos. En todos ellos la vida de un hombre queda determinada por su relación con una mujer. Se podría decir que son historias de amor, mirada cada una desde un ángulo distinto, aunque esta forma de describirlas no las define bien. Pero en realidad no quiero decir más, porque leerlas merece mucho la pena. Así que termino con una descripción borgística del libro.

Una historia –seguramente apócrifa– de Kafka da pie a un réplica en dos planos en El país de las muñecas. En dos de los relatos, un punto cómico el uno (Margabarismos) algo romántico el otro (Maullidos), juega el autor con el ultramundo. Lo absurda que se puede revelar la existencia es el hilo conductor del bárbaro cuento Una palabra tuya. Por su parte, Un ascenso a los infiernos, El síndrome de Karenina y Bibelot, muestran tres caras trágicas del amor. En El valiente anestesista, una madre narra a su hija la infidelidad de su padre entreverada con El sastrecillo valiente. Finalmente, el volumen incluye un cuento cuántico —un “cuéntico” quizás—, con un final a mi juicio consistente con la interpretación de Copenhague.

domingo, 18 de septiembre de 2011

Terra Nostra, de Carlos Fuentes

"Increíble el primer animal que soñó con otro animal. Monstruoso el primer vertebrado que logró incorporarse sobre dos pies y así esparció el terror entre las bestias normales que aún se arrastraban, con alegre y natural cercanía, por el fango creador. Asombrosos el primer telefonazo, el primer hervor, la primera canción y el primer taparrabos."

Así comienza esta monumental novela de Carlos Fuentes (casi 800 páginas de letra menuda; un dolor de brazos, porque no hay versión electrónica), sin duda una de las más extrañas y fascinantes que he leído nunca. ¿De qué trata? ¡Buff! Difícil pregunta. Lo más superficial que se puede decir de ella es que es una novela sobre la España de Felipe II y la conquista de América. Porque, en realidad, es y no es eso. De hecho, me atrevería a afirmar que no hay un solo suceso histórico real en la novela. A ver cómo empiezo a explicarlo (porque, a decir verdad, yo no la he entendido bien, y por las críticas que he leído y las tesis que se han escrito sobre ella, nadie la ha entendido realmente). A lo largo de la Historia ha habido momentos en que la humanidad ha llegado a un punto crítico. Ocurre cuando el mundo como se concibe, las escalas de valores, las ideas, el orden social... chocan con una realidad que ha ido cambiando lenta pero inexorablemente, como consecuencia de fuerzas sociales internas (yo diría evolutivas). Como resultado de esos conflictos surge un nuevo orden, una nueva etapa histórica, que se desarrolla de acuerdo a nuevos valores hasta el siguiente punto crítico. Si hubiera que destacar uno de esos puntos como aquél en el que la transformación resultó más brutal, más dramática, tal vez sería el paso de la Edad Media a la Moderna. Un mundo oscuro, supersticioso, opresivo, controlado por la religión y los monarcas investidos de poderes que emanan directamente de Dios, es derrotado por una corriente de humanismo, que se ha ido gestando en las ciudades, al abrigo de una burguesía que ha ido prosperando a la sombra de los prejuicios religiosos. Y si hubo un lugar en el mundo donde ese conflicto alcanzó su punto más álgido, ese lugar fue España. Porque no olvidemos que nuestro país fue el último baluarte del catolicismo (una desgracia que aún nos lastra) y la transición a la modernidad coincidió con la conquista de América y la llegada del oro y la plata de las Indias, un balón de oxígeno que mantuvo en pie de guerra a los viejos poderes durante aún dos siglos. Y por añadidura, la España que conquistó América fue la Vieja España, la beata, cazurra y bestial España de los Reyes Católicos y los Austrias. Y las consecuencias de este hecho aún perduran. Esto es exactamente de lo que va la novela. Creo que Carlos Fuentes entiende que ese momento y este lugar fueron "EL" Punto Crítico (con mayúsculas) de toda la Historia, y la novela es una compleja, elaborada y magistral reflexión sobre este hecho. Podría haber escrito un sesudo y erudito ensayo, como hubiera hecho un historiador, pero siendo, como es, un gran novelista (quizá el más grande en nuestra lengua que hay hoy vivo), optó por escribir Terra Nostra.

Decía —y sorprenderá— que no hay un solo hecho histórico en toda la novela. La razón es que Carlos Fuentes ha rehusado escribir una novela histórica al uso, que desmenuce la psicología y la sociedad de aquella época de conflicto, y ha preferido una opción mucho más difícil: ha construido un mito. Y hay que ser muy grande para poder hacer eso y que salga bien. Esa es la primera impresión que transmite Terra Nostra: ¿¡cómo se puede escribir una novela así!? El protagonista de la novela, un mexicano manco que hace de hombre anuncio en París, se despierta en una ciudad en la que están ocurriendo todo tipo de prodigios: el Sena hierve; la Torre Eiffel se ha convertido en una gran jaula de aves; peregrinos que se flagelan circulan en procesión por la ciudad; masas de hombres están siendo enviados a unos hornos crematorios que esparcen su olor a carne quemada, y todas las mujeres, incluidas viejas y niñas, están pariendo a la vez a orillas del Sena. La fábula empieza cuando el protagonista se encuentra con una chica que pinta dibujos en el suelo en uno de los puentes del río y que le asegura que tienen una cita concertada desde hace siglos. En un momento dado él cae a las aguas del Sena y ella le arroja una botella verde lacrada que lleva un pergamino dentro, como si se tratase de un salvavidas.

En el capítulo siguiente hemos sido transportados a una corte española cuyo Señor tiene toda la pinta de ser Felipe II, y su palacio El Escorial. Pero en realidad no lo es. O sí lo es, pero a ratos. Porque aquí los personajes no mantienen la identidad, sino que son metapersonajes que encarnan a la vez varias figuras históricas. El Señor es Felipe II, pero a veces es su abuelo, Felipe el Hermoso (sí, sí, lo que oís) y a veces su bisnieto Carlos II. En realidad es una encarnación de los Austrias al completo. Representa el viejo mundo, el antiguo orden, el culto a la muerte, el catolicismo fanático, el poder absoluto. Tiene un valido que representa a todos los validos, antiguos señores venidos a menos, sin escrúpulos, que arriban al poder trepando a cualquier precio. Pero también es el conquistador, es Hernán Cortés, es el esclavizador de los indios.

Dos personajes claves más son una mujer llamada Celestina, que a veces es una bruja-alcahueta y a veces una muchacha con deseos de vivir libre. Su característica principal es que antes de morir transmite su memoria a otras mujeres, que se convierten así en ella misma, de manera que su memoria es total y eterna. Es, como se descubre más tarde, la chica del puente del Sena. Como los demás personajes, Celestina adopta multitud de identidades, siendo también una reina-diosa azteca, una gitana y algún que otro personaje mítico (como Isis, si no recuerdo mal). El otro personaje es un monje con espíritu humanista que se enfrenta al poder y se alía con Celestina.

A todo esto el protagonista aparece de pronto inmerso en este pasado, como un náufrago en la orilla de la playa, pero convertido en tres personas, identificados por llevar una cruz tatuada en la espalda y tener seis dedos en los pies. El tres es un número importante en la novela; a él se alude multitud de veces: se cita la Cábala ("Uno es la raíz de todo. Dos es la negación de uno. Tres es la síntesis de uno y dos. Los contiene a ambos. Los equilibra. Anuncia la pluralidad que le sigue."); se alude a mitos antiguos en que aparecen tríos (Osiris, Isis, Seth); se habla de las tres religiones (judíos, moros y cristianos); también la novela consta de tres partes (El Viejo Mundo, El Nuevo Mundo y El Otro Mundo); el protagonista se convierte en tres personajes. Incidentalmente, es uno de estos tres personajes, el que llamarán en la novela el Peregrino, el que descubre (en un sueño) el Nuevo Mundo y narra el conflicto que se produce al interaccionar con él al Señor y a los otros personajes principales.

La novela es totalmente simbólica. Nada es lo que parece, todo tiene significados ocultos. Los hechos forman un complicado rompecabezas muy difícil de armar. Todo lo que percibes de la novela (al menos, ese es mi caso) lo intuyes más que lo comprendes. Es como escuchar una sinfonía que te habla en un lenguaje, el de la música, que transmite sensaciones pero no te habla con palabras. En la novela confluye todo: pasado, presente y futuro; los hechos reales y los mitos; Dios y Quetzalcoátl; la Biblia y la Cábala; la mística y el sexo más depravado; la Historia y la Literatura. Esta última, de hecho, es muy importante. Ya he mencionado a Celestina, que encarna ocasionalmente su papel de vieja trotaconventos, pero también aparece el Cronista, un personaje que acaba destinado a galeras y luchando en una batalla contra los turcos en un lejano golfo de Asia Menor y al que las heridas dejan manco. Este personaje que, por cierto, en plena batalla lanza una botella verde lacrada al mar donde están escritos los primeros párrafos de La metamorfosis de Kafka. Aparece Don Quijote; aparecen Don Juan, Doña Inés y el Comendador, personajes metamorfoseados a partir de otros. Algún capítulo comienza emulando a las claras el comienzo de Cien años de soledad... Y al final también está el Cronista último: el autor.

En resumen: un mes después de sacarla de la biblioteca me encuentro abrumado por la novela. No sé si he leído una obra maestra (la novela cumbre de la literatura hispana del siglo XX, como la califican muchos sin dudarlo, entre ellos Volpi) o los delirios de un loco. Lo que sí sé es que, de haber leído una crítica como la que acabo de escribir habría dicho, seguramente, ¡vade retro! Y sin embargo no he podido dejarla en ningún momento: es hipnótica. Como he dicho antes, creo que Carlos Fuentes es uno de los grandes; de los muy grandes. Escribir esto y escribirlo así es imposible para cualquier otra persona. Terra Nostra es el Ulises de la lengua castellana; el 2001 de la literatura hispana.

sábado, 20 de agosto de 2011

El insomnio de Bolívar, de Jorge Volpi

Me compré este libro por dos razones: porque me gusta Volpi y porque me gustó el título. Hay que reconocer que es "sexy", porque juega con la palabra insomnio en oposición a sueño y sugiere problemas que te impiden dormir. A nadie se le escapa que el sueño de Bolívar era construir una única nación americana y que no sólo murió abrumado por su fracaso, sino que podría decirse que América, en particular América Latina, está más lejos que nunca de ese sueño. Creo recordar que García Márquez, en El general en su laberinto, habla incluso de que, a las puertas de la muerte, unas fiebres impedían dormir a Bolívar. El título es muy sugerente, vaya.

Pero el libro, como ensayo-reflexión sobre América Latina, es bastante decepcionante. Dejando a un lado que Volpi domina la prosa y se hace ameno en cualquier cosa que escriba, el libro está lleno de obviedades y muy falto de reflexiones de calado. Nos habla de que América Latina ya no existe, que no es (no fue) más que un concepto inventado que se ha basado en ciertos elementos compartidos por los países latinoamericanos, a saber, los dictadores, las guerrillas revolucionarias, la obsesión yanqui por la región, la literatura, el exotismo, etc., pero que prácticamente todos ellos han pasado a mejor vida. Ya no quedan dictadores; todos los regímenes autoritarios (exceptuando el de Castro) han sido reemplazados por democracias, si bien en ellas han proliferado los "caudillos democráticos" como Chávez, Morales, Uribe... o los partidos oligarcas, como el PRI de México (curiosamente, de nuevo esto parece ser un nexo de unión, una característica común que comparten los países latinoamericanos, en contra de la tesis de Volpi). Y con los dictadores se han ido las gerrillas revolucionarias (de nuevo con  la excepción de las FARC). El "realismo mágico", la militancia revolucionaria o el género "dictadores bananeros", que han sido las señas de identidad de la literatura latinoamericana, han desaparecido, para desasosiego de editores y liberación de nuevos autores que, pese a admirarla, reniegan de sus imposiciones (me parece que este es el verdadero motivo del ensayo de Volpi: explicar cómo la literatura de los autores nacidos después de 1960 se ha desmarcado de la literatura latinoamericana para incorporarse a las diversas corrientes y géneros que imperan en el resto del mundo). Y por último, desde que China se ha erigido en pujante potencia económica y sobre todo a partir de los atentados del 11 de septiembre, Estados Unidos ha desviado la mirada con la que vigilaba su revelto "patio trasero" para ponerla en Oriente, el nuevo foco geopolítico del mundo. De hecho, tanto es así que la izquierda tiene un nuevo empuje en la mayoría de los países de América Latina, aunque ciertamente ya no tiene los tintes revolucionarios radicales del pasado siglo. Y con el desinterés estadounidense hacia Latinoamérica el resto del mundo se ha olvidado de ella.

Este es básicamente el argumento del libro. Pero como veis, excepción hecha de la reflexión sobre la literatura latinoamericana (por razones a las que me referiré luego), no nos descubre nada nuevo. Y no hay tampoco análisis; todo se queda en una enumeración de hechos, por otra parte bien conocidos de todos por la prensa y la televisión. No hace falta que nos expliquen que Chávez monta circos mediáticos, que tiene salidas como aquéllo del "huele a asufre", que es uña y mugre con Fidel y que no pierde ocasión de acusar a los yanquis hasta de la muerte de Manolete, así como tampoco de venderles puntualmente cuanto petróleo necesiten (razón por la que los Estados Unidos no están realmente preocupados por los desplantes de Hugo). Tampoco hace falta que nos cuenten la historia de Evo Morales, al menos la conocida por todos, que es la que refleja el libro. Ni que nos hablen de la cara pública Bachelet, harto difundida por los medios. Para ese viaje no hacen falta alforjas.

Si algún mérito tiene el ensayo, para mí es la constatación de que ya no hay literatura latinoamericana. En primer lugar nos avisa de que dejemos de buscar ese algo de diferente que esperamos cuando elegimos la obra de un autor colombiano, peruano, mexicano o argentino, algo que nos recuerde a García Márquez, Cortázar, Vargas Llosa, Fuentes... Los autores nacidos después de los sesenta ya no quieren parecerse a sus mayores (a quienes, como no puede ser de otro modo, admiran). No quieren militar, ni hacer denuncia, ni usar la escritura como revulsivo social. Quieren, básicamente, lo que todo autor occidental: ganar dinero. Y por eso ahora esciben de todo, incluso novela policiaca o ciencia ficción. Y rara vez ambientan sus novelas en sus países de origen, y cuando lo hacen, lo hacen con la indiferencia de quien usa esa ambientación porque es la que le resulta familiar. Tal vez resulten exóticos por ello, pero no lo andan buscando. La consecuencia de esto es que los grandes grupos editoriales, sobre todo los españoles (Alfaguara, Seix Barral, Siruela...), que son los que se han apropiado de la edición literaria en toda América Latina, ya no encuentran en estos autores los resabios del Boom, que es lo que, según ellos, vende bien entre el público español. Y así pasan de dar a esta nueva literatura una difusión que no sea puramente local. Volpi enumera 79 autores (80 si lo incluimos a él) de los cuales apenas conozco a tres. Y al menos por la descripción (breve) que hace de ellos, parece que hay muchos que suenan interesantes. Pero no los conocemos porque estas grandes editoriales han decidido que en España nada de esto nos interesa. Y así, una vez más, se constata la necesidad que tenemos de los editores para que nos impidan leer las cosas que no nos convienen. ¿Difusión de la cultura? Gilipolleces: esto es un negocio. No veo el día en que vayan todos al paro... Resumiendo, Volpi cuenta que hay mucha novedad en la literatura latioamericana, aunque deja muy claro que ya no hay una literatura latioamericana. Como en el resto del mundo, vaya.

Y hay otra cosa que me ha resultado curiosa, aunque Volpi no ha sabido (o no se ha atrevido a) explotarla, y es la constatación de que España es también un país latinoamericano. Con una peculiaridad: es el único que tiene rey. Hay un capítulo dedicado a lo que Volpi llama la "democracia imaginaria", que ya os podéis imaginar lo que es. Exactamente, lo mismo que tenemos aquí. Una democracia sobre el papel, pero en realidad una oligarquía controlada por políticos corruptos a quienes los ciudadanos interesan muy poco y cuyas acciones, además de a ellos mismos, favorecen a los plutócratas, los grandes empresarios en cuyas empresas terminarán sus días una vez concluyan sus fulgurantes carreras políticas. Una democracia que agranda las (ya de por sí enormes) diferencias económicas de sus ciudadanos. Una democracia en la que la igualdad ante la ley es papel mojado, y su justa aplicación depende del dinero de los litigantes. Unas democracias, en fin, una parte de cuyas soberanías están en manos de narcotraficantes y otras mafias. ¿Alguien no se siente reflejado en esta descripción? ¿Que no todos los políticos son corruptos? Je, je... Vale, sólo los que llegan a cargos. ¿Que no hay tanta desigualdad económica? Cierto, pero es que hemos vivido en una Jauja ficticia sobre una enorme burbuja inmobiliaria que, os recuerdo, ha explotado. Y ahora que estamos en crisis, estas diferencias se están disparando. ¿Que nuestra justicia funciona? ¿Conocéis algún Gurtell encarcelado? ¿Os acordáis de Garzón? Y de las mafias, para qué vamos a hablar: se creó una fiscalía anticorrupción en la Costa del Sol, entre otras cosas, porque es el centro operativo de las mafias del este. En fin.

El libro termina en un anticlímax, con un patético capítulo de futurología política que causa bastante vergüenza ajena. Nada menos que pronostica la unión federal de todo el continente americano para 2050, en dos pasos: una primera unión Canadá-USA-México por un lado y Sudamérica en torno a Brasil por otro, y una unificación final total. Wishful thinking, en el mejor de los casos. El nacionalimo es una fuerza retrógrada poderosa y muy fácil de invocar por políticos desaprensivos (perdón por la redundancia). Y por otro lado, a tenor de como ha discurrido el ensayo, no parece una conclusión que se desprenda de los hechos a fecha de hoy.

Total, no os recomiendo que salgáis corriendo a la librería a comprar este libro. Si cae en vuestras manos podéis leerlo, es corto y os durará dos sentadas, y seguramente (como yo) alguna cosa sacaréis, pero no pasa de ser un "Informe Semanal" un poco extenso y con un final prescindible. Flojo.