domingo, 22 de agosto de 2010

Huye rápido, vete lejos, de Fred Vargas


(¡Qué verano de lecturas llevo!). Una policiaca. Ya he contado que no soy aficionado al género, pero cuando eché en la maleta el libro que estaba leyendo (muy avanzado) y otro que quería leer (muy corto), me pareció que no me iba a dar para 15 días y pillé uno rápidamente de la estantería;  algo que pareciera una lectura de tumbona. Nada sesudo. Había leído recientemente a alguien (no sé si a Silva o a Volpi) que hablaba bien de Fred Vargas y me dije "¡Venga, va!".

Para los que penséis (como yo pensaba) que Fred Vargas es un autor chicano nacido en el Bronx o en algún barrio marginal de Los Ángeles os sacaré del error: se trata de una escritora francesa, parisina por más señas. Cuando lo descubrí me dije: "escritora de novela negra francesa; ¡Dios mío, qué he hecho!". Y sí, el libro es raro, porque todo lo que hacen los franceses es raro. Pero es raro en el mismo sentido en que lo es Delicatessen, un peliculón. Cuando llevas dos o tres capítulos de la novela te da la impresión de que los personajes encajarían muy bien en la aldea de Asterix. El detective es un friqui. Y la historia un tanto rocambolesca. Pero como en Delicatessen, eso es una buena parte del encanto. La novela se lee sola (así que después de todo me quedé corto y debí haber echado otro libro más a la maleta), la historia es buena y a los personajes les coges cierto cariño. Como a los de Asterix. Así que me he quedado con ganas de leer más historias del detective Jean-Baptiste Adamsberg (¡manda güevos!).