domingo, 15 de agosto de 2010

La estrategia del agua, de Lorenzo Silva

Me hice fan de las peripecias de este par de picoletos como mucha gente: tras leer El alquimista impaciente, el segundo libro de la saga. A su lectura le siguieron el primero, El lejano país de los estanques, y el tercero, La niebla y la doncella. No soy aficionado a la novela negra, pero los tres libros me encantaron. Y la razón es que lo que básicamente busco en cualquier libro, sea novela negra, de ciencia ficción o literatura seria, son personajes creíbles e interesantes. La trama de la novela (especialmente las de crímenes) me trae un poco sin cuidado en tanto que los personajes molen. Y el (entonces) sargento Bevilacqua y la (entonces) guardia Chamorro molaban, y mucho. Era muy fácil identificarse con ellos, con su forma de ver las cosas y de enfrentarse al mundo. Bevilacqua es un genuino especimen de mi generación, y eso crea una sintonía especial con el personaje que hace que guste a los que, como yo, saben quién es Koji Kabuto.

A raíz de estos libros he leído más cosas de Lorenzo Silva y, sin que me hayan gustado todas por igual, Silva se ha convertido en uno de los autores a los que sigo. Por eso me cuesta hacer una crítica negativa de este libro. Y es que, con franqueza, me ha decepcionado bastante. El problema no es la historia: la trama está bastante currada y consigue mantener el interés. El problema (para mí) es que los personajes han dejado de ser ellos mismos para convertirse en meros instrumentos de esa trama. Es verdad que aparecen detalles de su vida al margen del caso, y de que hay alguna escena en el libro que intenta trabajar la relación entre ellos, pero han dejado de ser los verdaderos protagonistas en favor del caso policiaco en el que trabajan. Hay personajes nuevos, pero tienen muy poca profundidad para que atraigan interés (insisto: el mío). El libro gustará a los lectores asiduos de novela negra (aunque hay que admitir que los picolos van un tanto demasiado sobrados de buena suerte en este caso), pero para mí lo que tenía interés en las tres primeras novelas, ha desaparecido. Ya no son Bevilacqua y Chamorro trabajando en un caso, sino un caso en el que trabajan Bevilacqua y Chamorro.

No se trata de un problema de esta novela solamente: hay un punto de inflexión a partir del libro de relatos sobre estos personajes Nadie vale más que otro, cuatro asuntos de Bevilacqua, que afecta, además de a esta, a la novela que la precedió: La reina sin espejo. Hay un claro desplazamiento del centro de interés de los personajes a la trama. Para ser justos he de decir que seguramente me lea la siguiente novela de Silva de esta saga (que, a juzgar por lo que me dijo una vez que hablé con él, todavía tiene intención de continuar), así que realmente no es tan mala como mi comentario pueda hacer pensar. Es solo que en esta relación (la mía con los personajes) se ha perdido la chispa del principio...