domingo, 21 de octubre de 2012

A History of the World in 100 Objects, de Neil McGregor


Este verano estuve en el Museo Británico en Londres y una vez más fui incapaz de verlo entero. Yo creo que ni la mitad. Para mí es uno de los museos más impresionantes del mundo. El caso es que en la librería que hay en el patio central encontré el libro que hoy traigo aquí, y del que creo que he aprendido bastantes cosas.

El libro nació cuando el director del museo y autor del libro creó un programa de radio para la BBC, que se llamaba exactamente como el libro. En cada episodio se presentaba un objeto del museo y se discutía en profundidad, tratando la historia del objeto pero también las implicaciones y deducciones que se podían hacer a partir de él. El programa se emitía diariamente y cada semana se trataban temas relacionados, tanto cronológicamente como por el aspecto en el que se incidía con la selección de objetos: cosas representativas del lujo, o de la religión, o de la vida cotidiana, o lo que fuese. Así se emitieron 100 programas en 20 semanas. Los programas, así como mucho material relacionado con la serie, se pueden encontrar en la web de la BBC.

Una vez terminada la serie, el material se recogió en forma de libro, dedicando un capítulo de unas cuatro o cinco páginas de kindle para cegatones para cada objeto. El resultado es muy curioso, porque aunque los textos no son los mismos que los emitidos por radio, sí se conservan cosas interesantes. Por ejemplo, aunque se presenta una foto de cada objeto (por cierto, éste es el único libro en formato kindle que he leído en mi tableta y no el lector de Amazon, porque las fotos son en color y merece la pena verlas bien), también se incluye una descripción de cada objeto; recordad que por ser un programa de radio el oyente tenía que comprender de qué se estaba hablando. Esas descripciones son muy útiles, porque hay muchos objetos de los que, aunque uno vea la foto y la mire y la remire, se acaba perdiendo detalles que son relevantes para su interpretación. Además, la discusión de cada objeto contaba con la participación de invitados de lo más variopinto, desde Kofi Annan hasta Youssou N'Dour, pasando por supuesto por especialistas en cada tema concreto, que contaban lo que ese objeto les sugería o aportaban sobre su interpretación. Extractos de esos comentarios se incluyen también en el libro, que acaba así convertido en una especie de documento coral sobre estos 100 objetos.

El libro no es ni mucho menos “la historia del mundo”, y el título es correcto: es “una” historia del mundo. Buceando en el Museo Británico se pueden encontrar objetos interesantes como para escribir decenas de volúmenes como éste que aportarían otras “historias del mundo”. Dicho eso, sí está estructurado como una historia en orden cronólogico, que nos lleva desde los valles de África hace dos millones de años hasta una lámpara alimentada por un panel solar con cargador para móvil que aún no tiene número de catálogo asignado en el museo (es el único objeto del libro que no lo tiene). El libro mantiene también la agrupación de los capítulos en bloques semanales de cinco, unidos temáticamente o con la intención de mostrar un cierto aspecto de nuestra historia. Total, que yo empecé a leerlo pensando en que era una cosa muy cómoda, porque se podía leer sin ningún problema por capítulos sueltos (de hecho lo tengo en el móvil para leer cuando por lo que sea tengo un rato que no tengo otra cosa que hacer y no tengo nada a mano para entretenerme) pero al final acabé leyendo como un libro tradicional porque me interesaba cómo se enlazaban unos capítulos con otros.

La discusión de los objetos es muy interesante, y en casi todos ellos he sentido la experiencia de que me abrían los ojos. Una cosa es circular por el Museo Británico e ir viendo cosas, si no a la carrera, casi, porque como hay tanto por ver no quieres pararte demasiado en nada, y otra muy distinta fijarte en un objeto concreto y que la gente que sabe te cuente en detalle todo lo que puedes aprender de él. Y muchas veces es absolutamente increíble todo lo que nos revela un objeto. Lógicamente, el libro incluye objetos que uno se espera, como la piedra de Rosetta, y ahí no hay muchas sorpresas, pero la mayoría son mucho más inesperados; por citar un solo ejemplo, incluye una pieza española “de a ocho” que discute en detalle como la primera moneda global, algo que al menos yo no sabía, igual que tampoco conocía las refinadas culturas que existieron en Nigeria, por ejemplo, de lo cual hay más de un ejemplo que en su día se llegó a identificar erróneamente como griego. De hecho, estoy convencido de que he pasado por delante de bastantes de los objetos de la selección sin haber reparado en todo lo que se podía aprender de ellos, y tras haber leído el libro lo que me apetece es volver al Museo Británico y hacerme la ruta de los 100 objetos (pero me da que debe de ser más o menos cómo hacerse la maratón...).

En resumidas cuentas, un libro delicioso que admite muchos tipos de lectura y del que se aprenden muchas de esas tonterías que uno luego puede soltar en reuniones sociales y pillar en falta a todos los que no se han preparado el tema en la Wikipedia, pero también cosas relevantes que le cambian a uno la manera de mirar las cosas. Creo que la próxima vez que vaya a un museo no lo volveré a mirar igual que antes.