lunes, 8 de octubre de 2012

1Q84, de Haruki Murakami

Mi descubrimiento esta primavera/verano han sido los novelistas asiáticos y en especial japoneses. Despúes de leer La devoción del sospechoso X decidí arriesgar y leer a Murakami. Del autor había escuchado mucho y parecía prometedor (montón de premios, eterno candidato al nobel, etc.) así que me decidí por este libro que tenía en versión electrónica desde hace un tiempo. No sabía ni de qué iba el libro, pero lo tenía catalogado en el kindle como policíaco-suspense así que me dije: vacaciones en la playa… tocho para el cuerpo. El libro está dividido en tres libros (de eso me enteré más tarde y me agencié rápidamente el libro 3) y son unas pocas de páginas, unas 1150 en total (740 + 410).

El comienzo es bien raro: Una chica, Aomame, está en un taxi en medio de un atasco en una autopista de Tokio. El taxista, que tiene una radio con una calidad excepcional, está escuchando la Sinfonietta de Janácek; entonces el taxista le explica que no van a llegar a tiempo al sitio de destino, que si quiere hay un atajo: bajar por las escaleras de emergencia de la autopista que dan a una estación de tren y en una parada llegaría con tiempo a su destino. Le insiste en que si es muy importante, que lo haga. Aomame se lo piensa y se baja. La situación es desconcertante, pero como Murakami la cuenta me pareció genial, como algo natural: te bajas en mitad de la autopista, bajas por unas escaleras de emergencia, etc. De camino Aomame, que tiene una entrevista de trabajo de vida o muerte (literalmente), decide hacerlo, sabiendo que es ilegal. A ese respecto el taxista le responde con una enigmática “Realidad no hay más que una”… y así empieza todo. El segundo capítulo nos introduce a Tengo, un profesor de mates que trabaja en una academia y colabora con una revista literaria. La historia de éste es para verla: está discutiendo con uno de los editores de la revista sobre una novela candidata a un premio: La crisálida de aire, escrita por una adolescente de 17 años y que el editor quiere que él revise y reescriba (vamos que haga de negro). Hasta aquí la cosa huere raro (corrupción, prevaricación, etc.), pero todo se aclara cuando en el capítulo 3, Aomame llega al hotel de su cita con cierto empresario al cual ha ido a matar: resulta que es una asesina profesional. Con este principio quién puede dudar de que la novela promete… y afortunadamente es así. Cada capítulo cuenta lo que le pasa a Aomame y a Tengo, alternativamente aunque en el tercer libro aparece un tercer protagonista: un detective.

A medida que se leen los 24 capítulos de cada uno de los tres libros la historia se complica y da muchos giros curiosos, aparecen personajes geniales y otros menos. Algunas de las situaciones son imposibles, pero imposibles hasta que el libro toma un giro totalmente inesperado que hace que se se le catalogue como “fantasía” u “otros” con lo que concuerdo: no consigo encasillarlo en ningún género. Su sinopsis lo describe más o menos bien, excepto la última frase sobre las sectas… el libro NO va de sectas, aunque aparecen en medio de la historia.

He aquí su argumento:
En japonés, la letra q y el número 9 son homófonos, los dos se pronuncian kyu, de manera que 1Q84 es, sin serlo, 1984, una fecha de ecos orwellianos. Esa variación en la grafía refleja la sutil alteración del mundo en que habitan los personajes de esta novela, que es, también sin serlo, el Japón de 1984. En ese mundo en apariencia normal y reconocible se mueven Aomame, una mujer independiente, instructora en un gimnasio, y Tengo, un profesor de matemáticas. Ambos rondan los treinta años, ambos llevan vidas solitarias y ambos perciben a su modo leves desajustes en su entorno, que los conducirán de manera inexorable a un destino común. Y ambos son más de lo que parecen: la bella Aomame es una asesina; el anodino Tengo, un aspirante a novelista al que su editor ha encargado un trabajo relacionado con La crisálida del aire, una enigmática obra dictada por una esquiva adolescente. Y, como telón de fondo de la historia, el universo de las sectas religiosas, el maltrato y la corrupción, un universo enrarecido que el narrador escarba con precisión orwelliana.

No puedo dar más detalles sin reventar la trama y creedme si os digo que es mejor disfrutar del libro sin mucho más. De hecho a continuación me leí una especie de “memorias” que escribió y que reseñaré en breve.