sábado, 28 de febrero de 2015

Volver a empezar, de Ken Grimwood

Los viajes en el tiempo, un clásico de la ciencia ficción, y esta novela un clásico dentro del subgénero, si hemos de creer lo que decía la selección de «las 30 mejores novelas de viajes en el tiempo» donde di con ella. Claro que entre ellas también figuran El fin de la eternidad, que a mí me parece mala, o Flashforward, que es un indiscutible truño; pero también están La mujer del viajero en el tiempo, El libro del día del juicio final o Cronopaisaje, novelas que he leído y me parecen buenas. Así que me dije que había que dar una oportunidad a algunas de ellas, que sonaban especialmente bien, y a esta le tocó ser la primera de la lista.

domingo, 15 de febrero de 2015

Rebelión en la Granja, de George Orwell


¿Cómo empezar esta reseña? La verdad es que debería simplemente escribir algo como:

Una obra maestra de la sátira. De lectura obligada. Imprescindible.

O bien 

¿Cómo es que no la has leído? Deja lo que estés haciendo y ponte a leerla. 

Dicho así le ganaría a Jose el premio a la reseña más corta, pero eso me parece poco serio. Más aún si tenemos en cuenta el libro de que hablamos.

viernes, 13 de febrero de 2015

Materia extraña, de Juan José Gómez Cárdenas

No sé muy bien como llegó esta novela a mi e-reader, si me la recomendaron, si me llamó la atención y la busqué yo mismo, si me le regalaron... El caso es que estaba en el kindle. Cuando terminé la última (una historia de la mafia recomendada en este blog) decidí pillar algo ligero pues Cosa Nostra es un libro realmente duro y que te deja (al menos a mí) con una sensación de impotencia (especialmente cuando descubres cómo se parece la sociedad en que vives a la que retratan allí). Como me gusta la ciencia ficción (ya sé que lo he dicho mil veces en este blog, pero es lo que hay) y, en general, los libros de ciencia ficción bastante digeribles (¿os he dicho que me gusta la ciencia ficción?) pillé uno al azar de mi colección del kindle y salió este.

lunes, 26 de enero de 2015

Mi tío Oswald, de Roald Dahl

El tío Oswald es un personaje que aparece en dos cuentos de la recopilación El gran cambiazo, de Roald Dahl. Es un donjuán millonario que recorre el mundo sin más propósito que el muy loable de follar todo lo que pueda, y no más de una vez (dos, si la ocasión lo merece) con cada mujer. Como es de imaginar, sus aventuras dan para llenar varios volúmenes, y eso es lo que ha hecho, escribiendo unos diarios con sus hazañas, que ahora obran en posesión de su sobrino. Es éste quien nos habla del personaje y quien extrae los mencionados relatos de dichas memorias. En el momento en que escribe, su tío ha desaparecido sin dejar rastro, y es uno de los relatos el que da la pista de su paradero.

miércoles, 21 de enero de 2015

El marciano, de Andy Weir

He aquí una novela de ciencia ficción a la antigua usanza: científicamente rigurosa, clara en las premisas, sin trucos ni artificios —no hay extraterrestres, ni capacidades mentales extraordinarias, ni viajes temporales...— y, sobre todo, plausible. Una historia que no ha ocurrido, que es muy improbable que ocurriera (¿qué son los grandes relatos sino historias muy improbables?), pero que podría ocurrir.

Una expedición a Marte (no la primera) pone seis astronautas sobre el planeta. Está previsto que permanezcan allí veinte días. Durante los cinco primeros todo transcurre como está previsto, pero el sexto un huracán marciano azota el campamento y tienen que abortar la misión. En la apresurada evacuación Mark Watney, el botánico del grupo, sufre un accidente, sus compañeros lo dan por muerto y lo abandonan en Marte. Pero Mark no ha muerto, y cuando se repone se encuentra solo, abandonado en un planeta hostil e incomunicado. No tiene recursos para sobrevivir más allá de un periodo limitado; sus compañeros de misión ignoran que sigue vivo (de todos modos no podrían volver para rescatarlo), y aunque pudiera establecer contacto con Houston, ninguna misión de rescate llegaría a tiempo de salvarlo.

domingo, 18 de enero de 2015

El sentido de un final, de Julian Barnes

Ya he contado en varias ocasiones lo mucho que me gusta este escritor. Esta es su última novela (y espero que sólo en un sentido). Llevaba años detrás del Booker, el premio más prestigioso de habla inglesa, y por fin lo ha conseguido con esta ella.

Y se lo ha ganado.

De un tiempo a esta parte sus novelas parecen orbitar en torno a la complejidad de las relaciones humanas, en especial las relaciones de pareja. Esta novela también va de eso. Y en un sentido, como ocurría con Hablando del asunto o Amor, etcétera, trata de un triángulo, sólo que esta vez no es un triángulo al uso.

domingo, 11 de enero de 2015

El testigo, de Juan Villoro

JOSE: Bueno, ¿qué?
JOSE: ¿Qué, de qué...?
JOSE: Que si te ha gustado...
JOSE: Pues no sé...
JOSE: ¿No sabes si te ha gustado?
JOSE: Es que es complicado. No es una novela fácil.
JOSE: Quieres decir que es un truño.
JOSE: No. A ver si consigo explicarme. La novela es buena. Villoro tiene todos los recursos de un gran escritor, y la novela todos los ingredientes para ser una gran novela. Y muchas de las subhistorias que componen el relato son muy buenas. Enganchan. Pero he de confesar que he terminado la novela por un esfuerzo de voluntad.
JOSE: Pero ¿de qué va?

sábado, 27 de diciembre de 2014

Sesenta kilos, de Ramón Palomar

La publicidad anuncia esta novela como una historia al estilo de las películas de Tarantino o Guy Ritchie, pero con «sabor» ibérico. Habréis visto los que seguís el blog que últimamente no llevo una racha muy buena con las lecturas, así que me decidí a probar con ésta, que prometía no ser una lectura sesuda. Y el resultado es que no está mal, pero le falta un hervor. Sí, es verdad que recuerda esas películas; más a las de Guy Ritchie, aunque sólo sea porque como aquéllas, la historia está llena de «pringaos» y perdedores, y porque ingleses y españoles compartimos un gusto parecido por lo cutre. Pero le falta la chispa, el humor negro, los diálogos surrealistas que son la esencia de esas películas (por no hablar del hábil manejo del tiempo, del punto de vista y del ritmo narrativo de que hacen gala Pulp Fiction o Snatch, por nombrar los referentes más claros). Sin esto, no serían más que historias vulgares de gángsteres cutres. Posiblemente si Berlanga y Azcona hubieran decidido hacer una película de este género, habrían dado con el punto justo de gangsterismo ibérico y su historia podría compararse con aquéllas. Pero esta novela, a mi juicio, no llega.

jueves, 25 de diciembre de 2014

Invernáculo, de Brian W. Aldiss

Este es un libro cuyo argumento prometía. En un futuro muy remoto la Tierra ha sincronizado su rotación con su traslación, con lo que tiene una cara siempre iluminada y otra cara siempre en la oscuridad. Además, el Sol, a punto de convertirse en gigante roja, ha aumentado su radiación hasta niveles letales. Ese mundo extremo está dominado por los únicos seres a quienes el exceso de radiación beneficia: las plantas. La cara luminosa se ha convertido en una densa jungla llena de toda clase de entes vegetales, en cuya umbría habitan los muy disminuidos animales y seres humanos, ahora presas fáciles de sus verdes depredadores. Durante una buena parte del libro Aldiss se dedica a explorar este extraño ecosistema. No diría yo que es un modelo de rigor científico, pero pasando por alto algún exceso el resultado es bastante interesante. Con la tecnología actual, se podría hacer una buena película sobre esta idea.

martes, 16 de diciembre de 2014

Los perros del Paraíso, de Abel Posse

Dice Carlos Fuentes que Europa no descubrió América sino que la inventó. Nunca he leído un comentario que revele con más claidad el espíritu de aquella época. A la fascinación de un mundo nuevo, tan diferente del conocido, tan extremo en clima, flora, fauna, tan marciano en la cultura de sus indígenas (extrema a su vez), se le unió el ansia de encontrar un Paraíso en la Tierra. Así lo reflejan tanto las crónicas de las conquistas como los espejismos que las impulsaron (Eldorado, las fuentes de la juventud...). A poco que uno se descuide, las hazañas de los conquistadores se ajustan más al canon del mito que al relato de hechos verídicos.