Allá para primeros de año dio por caer en mis manos la novela de Mendoza El último trayecto de Horacio Dos. Comoquiera que lo ignorara todo de la susodicha dediquéme, como tengo por costumbre hacer ante la tesitura de leer (o no) otras ignotas novelas o escritos de cualquier naturaleza, a navegar por el proceloso ciberoceáno a la búsqueda de alguna referencia o comentario que me animaran a o previnieran de leer esta novelita del maestro. Entre muchas opiniones a favor y en contra (más de las últimas que de las primeras, me temo) topéme con un blogero en cuya crónica la comparaba con otra llamada Memorias de un merodeador estelar, de un tal Carlos Saiz Cidoncha, a quien llamaba «el buen doctor», y aseguraba que la comparación en nada favorecía a la de Mendoza, siendo la de Cidoncha —afirmaba— mucho mejor novela y mucho más divertida. Quedéme pues con la copla, aunque decidíme, pese a todo, a leer el Horacio Dos, pues me dije a mí mismo que qué sabrá un bloguero para poner a Mendoza a la altura de un desconocido, ¡y que era Mendoza, qué carajo! El resto ya lo sabéis por este blog, y me alegra decir que discrepé de tanta opinión adversa.
viernes, 12 de septiembre de 2014
lunes, 8 de septiembre de 2014
Los arácnidos, de Félix J. Palma
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José Cuesta
Por fin he conseguido leer este volumen de relatos de Félix J. Palma, el cuarto en orden cronológico, y el que precede a su última entrega, El menor espectáculo del mundo, con la que yo descubrí la faceta cuentística de este autor. Se publicó en 2003 y fue premiado en el Certamen Iberoamericano de relatos Cortes de Cádiz de ese año. Pese a ello, está decatalogado y es imposible encontrarlo en ninguna librería —de ahí el «por fin»—, aunque algunos de los relatos contenidos en este libro se pueden encontrar por la web (el caso de Los desprendidos, Morir en tu bañera y otras lamentables casualidades o del que da título al libro), otro par de ellos han aparecido por separado en formato electrónico y otros forman parte de recopilaciones temáticas de relatos de varios autores. Pero el poder de internet es grande y ahora el libro ha salido para siempre del ostracismo al que había quedado condenado.
miércoles, 3 de septiembre de 2014
Abril rojo, de Santiago Roncagliolo
Publicado por
José Cuesta
El marxismo-leninismo abrirá el sendero luminoso hacia la revolución.
— José Carlos Mariátegui
De esta máxima del fundador del Partido Comunista de Perú extrajo su nombre la tristemente famosa organización terrorista PCP-SL, más conocida como «Sendero Luminoso». Los que tengáis mi edad recordaréis las frecuentes noticias procedentes de Perú sobre las masacres que sus seguidores infligían o que el ejército peruano protagonizaba con la excusa de la lucha antiterrorista. Fue una época terrible para las poblaciones serranas en torno a Ayacucho, donde operaba la banda. Durante la década larga que duró la guerra contra el terrorismo murieron, a manos de uno u otro bando, casi 70.000 personas (de las que sólo hay identificadas en torno a 20.000).
domingo, 31 de agosto de 2014
Mañana todavía, editado por Ricard Ruiz Garzón
Publicado por
José Cuesta
Una «distopía» es como una antiutopía, un hipotético futuro chungo con el que se pretende ilustrar algún aspecto negativo del presente. Viene del griego «dis-» (malo) y «-topos» (lugar), y aunque aún es un barbarismo anglosajón, es una palabra que está a punto de entrar en el DRAE. Cuento esto por si algún lector es como yo, que había oído la palabra pero no sabía exactamente qué significaba (aunque lo intuía).
sábado, 30 de agosto de 2014
El perfeccionista en la cocina, de Julian Barnes
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José Cuesta
Julian Barnes llegó tarde a la cocina. Como cuenta en el prólogo, es de una generación en la que la cocina era un dominio exclusivo de las mujeres y los hombres no tenían ni idea de lo que allí (literalmente) se cocía. Para cuando se interesó ya era tarde para ser lo que el llama un cocinero intuitivo, así que su destreza depende fundamentalmente de los libros de cocina. Que sea, además, un perfeccionista es un rasgo de carácter (una inseguridad más bien), y ambas cosas juntas son terreno abonado para la anécdota.
jueves, 28 de agosto de 2014
El niño que robó el caballo de Atila, de Iván Repila
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José Cuesta
No sólo he leído truños este verano... pero alguno más ha caído. Aquí va otro. De esta (corta) novela se dice:
«En unas coordenadas de singular despojamiento (dos personajes, un único escenario), Repila articula, con un estilo rítmico y enérgico, que avanza encadenando metáforas inesperadas y construyendo calculadísimas resonancias internas, un relato alegórico de lucha, supervivencia y solidaridad; un problema que esconde su decidida voluntad de acción tras un hábil reciclaje de los códigos del cuento popular, que aquí es infantil solo en apariencia, y que puede leerse como el mito de origen de unos tiempos nuevos. Valiente, poderosa y emotiva.»
¿¿LO QUÉ??
miércoles, 27 de agosto de 2014
Maten al león, de Jorge Ibargüengoitia
Publicado por
José Cuesta
No sólo he leído truños este verano. He aquí una novela que me ha gustado de un autor mexicano del que ya he hablado en el blog —a propósito de otra novela suya, Las muertas, que también me gustó, y mucho. Maten al león es una novela antigua, del 69, y pertenece a ese género tan propio de la literatura del boom: el de los tiranos (aunque en realidad lo inventó Valle Inclán). Pero esta novela tiene dos peculiaridades que la distinguen de cualquier otra «típica» del género. En primer lugar, es una comedia; negra, desde luego, porque el tirano es un malo maloso y un criminal, como todos los de su gremio, pero si Berlanga fue capaz de hacernos reír con El verdugo, era cuestión de tiempo que alguien le viera el lado cómico a una dictadura.
lunes, 25 de agosto de 2014
El libro de las cosas perdidas, de John Connolly
Publicado por
José Cuesta
Decididamente tengo que mejorar mi criterio para elegir libros. En contra de todos los indicios, me dejé convencer por la contraportada de este libro que insiste en que, pese a las apariencias, es una novela para adultos. Y una mierda. Para que os hagáis una idea, la cosa va de un niño inglés, antes de la Segunda Guerra Mundial, a quien se le muere la madre. Aún con el trauma de la reciente orfandad, el padre decide casarse de nuevo. Así que, contra su voluntad, se mudan a una nueva casa, aprovechando, además, que al estar en las afueras, corren menos peligro de ser bombardeados (la guerra ya ha empezado). Para colmo la madrastra le pare un hermanastro. De modo que el niño, fascinado por los cuentos que le contaba su madre, se refugia en sus libros para interaccionar lo menos posible con la nueva familia postiza, a la que odia. Y un buen día decide entrar por una sospechosa grieta en el jardín, que resulta ser... ¡un portal a otro mundo! La entrada se cierra y para poder regresar tiene que localizar al Rey de ese mundo, que al parecer sabe cómo volver gracias a un libro que sólo él puede leer y que se llama (ya lo habéis adivinado) «El libro de las cosas perdidas». Pero resulta que ese mundo es muy chungo, y en su recorrido por él se va topando con historias y personajes parecidos a los de los cuentos infantiles que conoce, sólo que en versión Matanza de Texas.
lunes, 4 de agosto de 2014
El fin de la eternidad, de Isaac Asimov
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Pablo
Como ya habréis adivinado, me gustan las historias de viajes en el tiempo. Un día andaba comentando el tema con un amigo, y me dijo: «Pues si te gusta el asunto, tienes que leerte El fin de la eternidad de Asimov». Y yo soy un mandado, así que aquí tenéis la reseña.
De lo poco que leí de Asimov en mi adolescencia, se implantó en mi cabeza la idea de que el tipo era un genio y que todo lo que fuese a leer de él me encantaría. Hace un año o así releí la trilogía de la Fundación y la disfruté muchísimo, así que empecé El fin de la eternidad con la idea de que sería algo similar.
domingo, 3 de agosto de 2014
El guión del siglo 21, de Daniel Tubau
Publicado por
José Cuesta
Cuando lees en un ebook pasa que lees libros que no habrías leído de otra manera. Este es uno de esos libros. El título y el tema despertaron mi curiosidad, pensando que trataría de la nueva forma de narrar de las series frente a la ya obsoleta del cine, pero admito que, de haber visto el libro en la FNAC, no habría bastado para pagar los 20 napos que cuesta en papel (no sé en qué coño están pensando los editores...).
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